La conferencia episcopal de Honduras se refiere a la crisis migratoria que golpea al país

217

A continuación el texto íntegro del comunicado emitido:

Conferencia Episcopal de Honduras
Los Laureles, Comayagüela, M.D.C. Honduras, C.A.

COMUNICADO
“Jesús, al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella”,
(Mateo 9, 36)

Queridos hermanos,
Los Obispos de la Conferencia Episcopal de Honduras vemos con mucho pesar y seria
preocupación esta “tragedia humana”, como ha llamado el Papa Francisco a la migración
forzada, por la salida en caravana de miles de nuestros hermanos y hermanas hondureños que han abandonado su propia tierra, buscando mejores oportunidades de vida, para ellos y para sus propias familias. Ésta es una realidad indignante, causada por la actual situación que vive nuestro país, obligando a una decidida muchedumbre a dejar lo poco que tienen,
aventurándose sin certeza alguna por la ruta migratoria hacia Estados Unidos, con el deseo
de alcanzar la tierra prometida, “sueño americano”, que les permita resolver sus problemas
económicos y mejorar las condiciones de vida para los suyos y, en muchos casos, les
garantice la tan anhelada seguridad física.

La Iglesia que peregrina en Honduras reconoce el derecho humano de cada persona a una
vida digna y al desarrollo personal, familiar y comunitario. Es deber del Estado Hondureño
brindar a sus ciudadanos los medios para cubrir sus necesidades básicas, como son: trabajo digno, estable y bien retribuido, salud, educación y vivienda. Y cuando esas condiciones no existen, las personas se ven obligadas a vivir en la fatalidad y muchísimos de ellos a emprender un camino que les lleve al desarrollo y superación, hallándose en la vergonzosa y dolorosa necesidad de tener que abandonar sus familias, sus amistades, su comunidad, su cultura, su ambiente y la tierra que los vio nacer.

Esa crisis humanitaria en Honduras no es nueva, la venimos padeciendo desde hace años,
¡Cuántos cientos de hondureños han partido en forma individual todos los años y a cuántos
los han regresados de México y de Estados Unidos! Hemos sido sordos ante los gritos de
abusos y violación a sus derechos en su trayecto y hemos sido ciegos para ver esa realidad, hemos preferido alegrarnos por la llegada de remesas, como una solución a los problemas internos. Lo novedoso de esa caravana es la forma masiva de miles de personas, en su mayoría jóvenes, que van con la esperanza de obtener recursos suficiente para transformar a Honduras.

No es la hora de culpabilizar a personas o a partidos políticos, ni al Gobierno en turno. Eso sería mirar de manera superficial el problema, la responsabilidad es común, pero eso sí, deben aceptar nuestros gobernantes de los últimos períodos que no han hecho bien las cosas, de modo que esta situación no llegara a los extremos que hoy estamos observando y que puede terminar en mayores frustraciones, resentimientos y negación de toda identidad nacional. La solución no es pedirles que regresen, la solución la encontraremos en abrir oportunidades permanentes para su realización personal y familiar, creando fuentes de trabajo para todos.

Ahora es momento de brindar salidas humanitarias a la población que va en caravana, pero
también es hora de que tanto el Gobierno, el sector financiero, empresarial, trabajadores,
campesinos y la sociedad en general emprendamos la tarea de establecer un nuevo pacto
social que aborde profunda y definitivamente la solución a este drama social hondureño. La
migración es sólo una punta de este volcán, pero, la pobreza, la inequidad y la falta de
oportunidades son sus otros componentes. Los sectores dirigentes no pueden ser insensible
ante el clamor de la población. ¡Ya no se valen más remiendos en esta sociedad hondureña!

Pero hoy también es la oportunidad para que nuestras autoridades civiles reorienten sus
políticas y establezcan programas sociales verificables, reorientando el Presupuesto general
de la República con esa finalidad. Es tarea urgente revisar el gasto público y los sueldos y
salarios que devengan todos los funcionarios de Gobierno, la mayoría de las veces son
sueldos escandalosos, frente a la miseria y pobreza del pueblo.

También es una necesidad que los países desarrollados y los mismos Estados Unidos dejen
de fomentar la xenofobia y condenar a los migrantes señalándolos como criminales, lacras
sociales. Es muy conveniente que revisen sus políticas migratorias y asuman la propuesta
humanista del Papa Francisco en su mensaje del año del 2018, sobre las migraciones, es
obligatorio: acoger, proteger, promover e integrar a los migrantes y refugiados.

Rogamos a los países hermanos, por donde van transitando los migrantes hondureños, que se les respeten sus derechos fundamentales y se les ayude, por motivos humanitarios, para que ellos logren desarrollarse como personas. Agradecemos a los pueblos de Guatemala y México, que han acogido con ejemplar solidaridad a nuestros hermanos atendiendo a los miembros de la Caravana Migrante.

Agradecemos también a la Conferencia Episcopal de Guatemala y a la Conferencia del
Episcopado Mexicano, en particular modo a nuestros Hermanos Obispos de las Diócesis de
Tapachula y de San Cristóbal de las Casas, por su petición a las comunidades cristianas para abrir las puertas de sus casas, ofrecer opciones útiles y velar por el bien de quienes buscan una vida mejor para sus familias. A todos nos preocupa la seguridad y protección de los migrantes, especialmente de las mujeres, los niños y de la tercera edad. ¡En nombre de Dios, muchas gracias!

Igualmente, es justo y oportuno agradecer a tantos hermanos y hermanas que
colaboran diariamente en la Pastoral de Movilidad Humana de nuestro país,
ofreciendo puntualmente a los migrantes retornados todas las atenciones necesarias
de orden médico, psicológico, con rehabilitaciones, prótesis, transporte, etc.; todo
esto, sin contar con las atenciones que brindan a la población desplazada por la
violencia interna del país.

Los Obispos de Honduras les decimos que cuentan con nuestro apoyo y rogamos a Dios, por intercesión maternal de la Virgen Santísima “Nuestra Señora de Suyapa”, que los proteja en su caminar, los sostenga con su gracia y su amor y les conceda el gozo de ver realizadas todas sus esperanzas.

Ciudad de Tegucigalpa. 20 de Octubre de 2018.
CONFERENCIA EPISCOPAL DE HONDURAS