Bale no puede con el ímpetu inglés

‘No me llevéis a casa, no quiero trabajar, quiero quedarme aquí y beber cerveza’. Los hinchas inglesas ruegan a su selección, en cántico convertido en letanía, que aguante en la Euro, que siga la fiesta. Su petición tuvo recompensa con una victoria de aroma a octavos de final. Cuatro puntos es una cantidad más que razonable para presentarse en la última jornada con muchas opciones de saltar de ronda. El derbi británico fue suyo. Puso mucho más en el campo el equipo de Roy Hodgson, que hizo valer la calidad de su ataque ante las limitaciones generales del grupo liderado por Gareth Bale. La estrella no bastó esta vez.

Inglaterra arrancó con ganas de tomar el mando, suya la pelota durante toda la primera parte. La necesidad por la victoria y su línea de ataque invitaban al dominio. Al contrario que Gales, muy cómoda sobre sus tres puntos del debut e instalada en su área, a la espera de los desmarques de Gareth Bale.

Cada equipo en su estilo, tan a gusto ambos en la tarde soleada que quedó sobre Lens, tras las lluvias de la mañana. Nubes que amansaron a los miles de hinchas británicos, ya en el desayuno con cerveza y cánticos, sin problemas a destacar. Pique sano en el derbi británico entre dos aficiones hermanas. No aparecieron ultras rusos, para alivio del imponente dispositivo policial que tomaba las calles de la ciudad desde primera hora.

En el campo, a Inglaterra le podía cierta precipitación en los últimos metros, superada la medular galesa, allí plantada con más intenciones defensivas que de creación. Sólo se salva Joe Allen, elegante mediocentro con aire a Beñat, que apenas entró en juego. Su selección resistía atrás sin demasiadas angustias, entre patadones largos de los dos centrales, más contundentes que estilosos. El ataque inglés se disolvía cuando entraba en el área.

Lallana tiraba paredes a Kane, sin éxito. Un pase suyo desde la derecha había dejado, a los seis minutos, a Sterling en boca de gol. El grave fallo pesó a los ingleses, impacientes por minutos. Mientras tanto, a Gales le sobraba el tiempo. Bale era su plan. Y el madridista volvió a cumplir con su bandera nacional. A las puertas del descanso, como hizo el sábado anterior en Burdeos ante Eslovaquia, adelantó a su equipo gracias a un fenomenal disparo de falta. Lejísimos esta vez, a más de 30 metros, contando de nuevo con algo de ayuda del portero, de lenta reacción. Joe Hart, como manda la tradición, quedaba expuesto a llevarse la tanda de titulares que casi todos los porteros ingleses suelen acumular en los grandes torneos por culpa de sus pifias. Algunos de sus aficionados le mandaron al vestuario con gestos de enfado. También se había irritado con Bale, por su celebración de cara al fondo rival. El galés, atacado por la prensa de Londres en la previa, gritó el gol con mucha rabia.

El tanto espoleó a los ingleses tras el descanso, sin tiempo para sentir la presión de una derrota peligrosísima para su vida en la Eurocopa. Salieron valientes, con doble cambio en la delantera. Fuera Kane y Sterling, dentro Vardy y Sturridge. La maniobra de Hodgson funcionó de inmediato. Primero lo intentó Rooney con un disparo ajustado desde la frontal y después Vardy, en jugada iniciada por Sturridge en la izquierda, empujó en aparente fuera de juego el empate. No lo era porque la pelota llegaba rebotada de un rival. Los dos relevos metían a los suyos en el partido.

Fiesta inglesa y el God Save the Queen que atruena en Lens, donde va enseñando la patita la tormenta de nuevo, en negrísimas nubes. A Gales sí le hizo daño el puyazo de Vardy, aplastada de repente en su área pequeña, con la camisa al cuello y mucha faena de despejes y piernas inglesas buscando otro gol por las bravas.

Gales no cambiaba de plan. ¿Le daría para aguantar un punto que era gloria bendita para soñar con los octavos? Sudaban los galeses ante las oleadas de sus vecinos, con Rooney de enganche, a lo Messi centrocampista, y Vardy peleando como un león. Se incorporó al acoso el jovencito Rashford (18 años), perla del Manchester United, volcada Inglaterra a por un triunfo clave para pasar de ronda. Gales no tenía fuerzas ni para buscar a Bale, que también se afanaba en la recuperación. El empate tenía muchos quilates para ellos.

Pero el mayor interés inglés tuvo premio en el tiempo añadido, en atropellada incursión en el área de Sturridge, tras pared con Rashford. Chutó como pudo, casi con la puntera, para hacer temblar el fondo de sus hinchas, que seguramente puedan estirar su viaje por Francia unos cuantos días más.