Luego de la victoria del Barcelona en casa del Real Madrid, Diario Sport publicó una nota en donde explica la razón de la actitud del blaugrana Lionel Messi en la celebración de su segundo gol en la agonía del compromiso.

La celebración del segundo gol de Leo Messi en el Santiago Bernabéu tuvo algo de irreal, algo de sobrenatural. No es nada habitual verle solo, delante de la grada repleta de aficionados del Real Madrid, con la camiseta tendida con las manos enseñando el 10 y su nombre. No es  normal este tipo de festejos y menos en un jugador como Messi, que acostumbra a ser parco en sus celebraciones, tanto que a veces ni sonríe o ni levanta las manos.

Sin embargo, en el Bernabéu no fue así, como tampoco lo fue en el Camp Nou contra el PSG. Ambas incluso tienen muchos puntos en común hasta ser casi místicas ¿Qué le está pasando?, ¿Está cambiando?, ¿Quería enviar un mensaje?, ¿Cuál?

LOS INCIDENTES

No es fácil interpretar a Leo Messi, un jugador que se mueve sobre el césped motorizado por impulsos más básicos: El gusto por el fútbol y por la victoria. Y allí, en el origen de lo que le mueve, es donde hay que encontrar las razones de esta celebración. Messi sentía rabia sobre el campo por cómo se había dado el partido. La primera amarilla a Casemiro, el codazo de Marcelo, la sangre corriendo por su boca y los puntos de sutura, la segunda entrada de Casemiro al que el árbitro no quiso expulsar, la atroz entrada de Ramos, el empate de James al filo del minuto 90…  Toda una serie de afrentas que Messi digirió con rabia, cólera y furia.

El gol conseguido en el minuto 92 fue una explosión a tanta ira acumulada y la mejor venganza que podía efectuar: Gol en el descuento, victoria, liderato y humillación en casa del eterno rival. Y fue así, sin haberlo pensado, sin haberlo meditado, cuando después de celebrarlo con sus compañeros enseñó la camiseta a la grada del Bernabéu para demostrar de lo que había sido capaz.

LOS ‘NO’ MOTIVOS

Hubo quienes interpretaron que esa dedicatoria fue una demostración de que la renovación está el caer, que el beso al escudo era la antesala de su prórroga de su contrato (quizás sí), que era porque había conseguido 500 goles en su carrera deportiva. Nada de todo esto. Era solo la sensación de sobreponerse a todos los obstáculos encontrados y superar al gran rival de la mejor forma posible. Fue por eso por lo que enseñó esa camiseta a la grada. Una señal inequívoca de que alguien especial había pasado por el Bernabéu.

Fuente: Diario Sport 

 

 

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