La selección de Nicaragua, que dirige el costarricense Henry Duarte, vivió una noche mágica dirigida por la varita de Juan Barrera, quien marcó los tres goles que le permitieron a su equipo vencer a Haití en el repechaje para la Copa Oro.

“El Iluminado” fue un todo: compositor, arquitecto y ejecutor. Pintó una de las obras de arte futbolística más importante en la historia del terruño con sus tres goles. El punto de amargura sufrido con la derrota en Puerto Príncipe se convirtió en un arcoíris de felicidad. Todo el país presenció el triunfo de un equipo capaz de salir de los escombros, sobrevivir al caos y responder implacablemente para derrotar 3-0 a Haití y saltar de improvisto a la Copa Oro, este martes.

Anoche “El Iluminado” puso a trabajar la factoría de sueños. No se cansó por más que corrió, no desmayó por más que insistió, no se rindió por más que veía como el gol no aparecía durante 82 minutos. Flamante con la pelota, impactante con su vigor extraordinario para ser omnipresente en la cancha, fue la clave para que el conjunto se mostrara convincente de inicio a fin y cerrara un maravilloso recital de futbol con tres goles en cinco minutos (84’, 86’ y 89’) para dejar el marcador global 4-3.

Tres joyas

Anteriormente Barrera ya había anunciado su peligrosidad contra la portería caribeña, sin embargo, la primera joya del capitán llegó al minuto 84. Copete propicia un penalti. Con la presión encima de anotar y regresar al combate al país, el legionario ni se inmutó. Una patada con poder incapaz de detener el Goliat de portero haitiano, a pesar de haber adivinado. Si Nicaragua necesitaba un impulso para conseguir lo milagroso ante una selección mundialista, ese fue el ingrediente necesario.

Luego la locomotora Barrera se había activado. Recibió un pase complicado y de espalda que cualquier otro jugador no sabría como reaccionar. No obstante, era Barrera, el que hoy le llueven los sinónimos de su grandeza, y con un cabezazo exquisito sin ver el arco lo consiguió introducir. La pelota rebotaba en cámara lenta hasta cruzar la raya. Una locura total. Un gol antológico y en alta definición. Si hace ocho años Samuel Wilson se había bañado de oro, anoche Barrera iluminó el sendero nacional. Mientras que el tercero cayó como un rayo expulsado por su pierna zurda. Ya en ese momento el ocotaleano era capaz de atravesar la pelota por el ojo de una aguja.

Dominio de Nicaragua 

No hubo dejadez en el trayecto. Desde el primer minuto el planteamiento ofensivo de Nicaragua provocó sordera en el juego de Haití. La subida por derecha constante de Josué Quijano y el disparo que pega en el travesaño de Luis Manuel Galeano al minuto 14, fueron los primeros síntomas de que los pinoleros estaban parados sobre ideas firmes.

Posteriormente, Galeano y Eulises Pavón penetraron el área, pero sin fortuna para concretar, y así continuó el desfila de oportunidades de los locales. Con Chavarría rasando el palo y Pavón tratando de sorprender, todo ello bajo la dirección de Juan Barrera en la ofensiva y Daniel Cadena construyendo el mediocampo nicaragüense, los pinoleros se apoderaban del terreno. Haití su mejor llegada que había entrado al arco fue anulada por el árbitro mexicano aduciendo que había salido el esférico.

La Azul y Blanco estaba herida de muerte y había pocos argumentos para soportar una remontada de esta magnitud. Hoy este equipo ha engrandecido la historia y humillado al fracaso.

 

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