El drama de «Popeye», el fisicoculturista ruso que se inyectó aceite en los brazos y ahora pide ayuda

En 2017, Kirill Tereshin saltó a la fama cuando comenzó a inyectarse en los brazos Synthol inyectable, un aceite que sobrevuela en el ambiente del culturismo, y publicar las fotos en las redes sociales.

En apenas meses, superó los 30 mil seguidores y rápidamente su apodo de Popeye se conoció en el mundo. Sin embargo, junto con el número de followers, aumentaban también las críticas por su tratamiento.

«Para alcanzar un gran tamaño, necesitas inyectarte litros en los brazos», reconoció al portal británico The Sun el joven que entonces tenía 21 años, quien presume de una circunferencia en los brazos que alcanza los 60 centímetros.

«Cuando lo estaba haciendo, tuve una fiebre, cerca de 40 grados, estaba tirado en la cama sintiendo que me moría, pero entonces todo mejoró», explicó Tereshin, acerca de lo que ocurría cada vez que se inyectaba el líquido en sus brazos.

Ahora, volvió a utilizar sus redes sociales, pero no para vanagloriarse por sus «músculos», sino para pedir ayuda: «Aquí en Moscú, donde no fui examinado, dicen que no se puede lidiar con eso. Hice una solicitud a Alemania e Israel, dicen que me pueden ayudar allí, pero es muy costoso. Necesito recaudar dinero a través de la televisión. Quiero deshacerme de estos (en referencia a sus brazos) y pedir ayuda. Nadie pudo evitarlo, yo soy el culpable de esto, y sobre el futuro… Dios sabe lo que sucederá después».

Lo curioso es que dos días después publicó una imagen iniciando un tratamiento para aumentar sus pómulos. Así, llegó una nueva ola de críticas: «¿Pides dinero para salvar tu vida y ahora gastas en esto?», escribió un usuario. «Acabas de tirar a la basura la colecta por tu salud», agregó otro.

El producto que se inyectó se compone de 85% de aceite, 7,5% de lidocaína y 7,5% del alcohol. En las competencias de fisicoculturismo es usado par abrillantar el cuerpo del competidor antes de salir a escena. Sin embargo, algunos, como Tereshin, comenzaron a usarlo para agrandar el tamaño de sus músculos, a pesar de las consecuencias que acarrea su consumo que van desde problemas pulmonares, daño en los nervios hasta ataques al corazón.