El mundo, al ritmo de una catástrofe por semana

Los desastres debidos a la crisis climática se producen a razón de uno por semana, aunque la mayoría concita poca atención internacional y son urgentes las obras para preparar a los países en desarrollo para esos profundos impactos, ha advertido la ONU.

Catástrofes como los ciclones Idai y Kenneth en Mozambique y la sequía que aqueja a India se reflejan en los titulares de todo el mundo. Pero gran número de “acontecimientos de menor impacto” que causan muertes, desplazamientos y sufrimiento ocurren mucho más rápido de lo pronosticado, dijo Mami Mizutori, representante especial del secretario general de la ONU para la reducción del riesgo de desastres.

Esto significa que adaptarse a la crisis climática ya no puede verse como un problema a largo plazo sino como uno que necesita inversiones ya mismo, agregó. “La gente tiene que hablar más sobre la adaptación y la resiliencia”.

Según los cálculos, el costo de los desastres relacionados con el clima llega a 520.000 millones de dólares anuales, mientras que el costo adicional de construir infraestructura que sea resistente a los efectos del calentamiento global es de aproximadamente el 3 por ciento, o 2,7 billones en total durante los próximos veinte años.

Mizutori dijo: “Eso no es mucho dinero (en el contexto del gasto en infraestructura), pero los inversores no han hecho lo suficiente. La resiliencia debe convertirse en un commodity por el que la gente pague”.

Eso significaría normalizar los estándares de la infraestructura nueva, como las viviendas, las redes viales y ferroviarias, las fábricas y las redes de energía y agua corriente, de modo que sean menos vulnerables a los efectos de las inundaciones, las sequías, las tormentas y los fenómenos meteorológicos extremos.

Hasta ahora, la mayor parte del trabajo relacionado con la crisis climática se ha centrado en la “mitigación” –expresión que se refiere a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y no debe confundirse con mitigar los efectos de la crisis climática-.

La cuestión de la adaptación a sus efectos ha quedado en un lejano segundo plano, en parte porque a los activistas y los científicos durante años les preocupó que la gente adoptara una actitud de complacencia pensando en que no era necesario reducir las emisiones si en cambio podíamos adaptarnos a los efectos, y también porque, si bien reducir las emisiones podía medirse claramente, la cuestión de adaptarse o aumentar la resiliencia era más difícil de dimensionar.

Mizutori señaló que ya se ha agotado el tiempo para este tipo de discusiones. “Hablamos de emergencia climática y de crisis climática pero, si no podemos abordar este (tema de la adaptación a los efectos), no sobreviviremos”, le dijo a The Guardian. “Tenemos que estudiar los riesgos de no invertir en resiliencia”.