Eutanasia: Su voluntad de morir se cumplió el viernes. ¿Por qué decidió eso?

“Debo ser la única persona que le cae mal a la muerte”, dijo en tono irónico Ovidio González la semana pasada, cuando aún existía. Su voluntad de morir se cumplió el viernes después de ser internado en una clínica de Pereira, en Colombia.

La historia de su final fue para el resplandeciente zapatero ateo de 79 años una película de comedia negra.

El cáncer de boca que padecía desde 2010 había desfigurado su rostro. No podía disfrutar del delicioso ejercicio que significa comer y pronunciar apenas dos palabras seguidas, era un suplicio para él.

“Yo tan viejo que estoy y me dan dolores que me desesperan que no sé qué hacer. Esto no es digno (…). No aguanto ni quiero más cosas, no quiero más tortura”, declaró en vida.

Su hijo, el caricaturista Julio César González “Matador”, que comenzó una campaña por los medios para presionar el apoyo del Ministerio de Salud de Colombia y que con eso los médicos correspondientes le aplicaran eutanasia a su padre, cuenta que los últimos comentarios de su padre fueron respecto a la muerte.

Una semana antes de ser internado para su baja, cancelaron la colocación del fármaco por decisión de un médico que quería corroborar las condiciones del paciente y evitar eventuales problemas ante la ley. Cuando finalmente se dio la aprobación de la eutanasia, Ovidio dijo sobre el médico que retrasó su adiós: “Muero por conocerlo”.

El oncólogo Juan Paulo Cardona había suspendido la eutanasia alegando que el caso no cumplía con las guías del Ministerio de Salud.

El “Matador” cuenta que aquel día de la cancelación para el descanso pleno de su padre, todos en la clínica se quedaron “en shock”.

Uno de los familiares pensaba en que debían cancelar su funeral del día siguiente ante un hecho que estaba más que previsto, mientras que otro le decía al paciente “¿Por qué no sales cubierto con una sábana blanca? Total, todo el mundo te da ya por muerto”.

No pudo disfrutar el partido de Colombia contra Argentina de la Copa América aquel 26 de junio que todos se decepcionaron porque jamás lo internaron. Mientras las calles estaban impregnadas de optimismo, “él se movía menos que una pirámide de Egipto”. Finalmente, su deseo fue no ver al ganador de la Copa.

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