La joya del Pentágono que puso al papa Francisco rumbo a Filadelfia

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“Águila pescadora”, “convertiplano”, “aeronave de rotores basculantes”. Son solamente algunos de los nombres-descripciones que han ensayado quienes intentan definir una de las aeronaves más extrañas en apariencia y funcionales en la práctica que tiene la Fuerza Aérea de los Estados Unidos.

El origen de la nave se remonta a comienzos de los años 80, cuando la idea de desarrollar un aparato que combine la capacidad de un helicóptero con las de un avión turbohélice.

Así, el Bell-Boeing V-22 Osprey puede despegar tanto de manera vertical como horizontal en distancias cortas.

El desarrollo del Departamento de Defensa de los Estados Unidos fue realizado por dos empresas, la Bell Helicopter y Boeing Helicopters a partir de 1983 y el primer prototipo estuvo listo seis años después.

Las dificultades de ser un “convertiplano” que debía cumplir también funciones militares requirieron años de pruebas, errores y correcciones hasta llegar al modelo V-22 –tuvo varios submodelos como los CV-22B, MV-22B, SV-22-, bautizado luego Osprey (“águila pescadora” en inglés).

En el año 2000 los oficiales del Cuerpo de Marina empezaron a capacitarse para tripular este tipo de aparatos, pero recién en 2007 entró en el servicio activo. Hoy también lo opera la Fuerza Aérea de los EEUU, que lo ha utilizado en Irak y Afganistán. Con el tiempo, se estima que estos aparatos reemplazarán a sus antecesores, los Sea Knight.