Esta historia comienza en el Reino Unido, con una granja que se quema y unos valerosos bomberos que salvan a unos cerditos. Y termina en una guerra en redes sociales entre defensores de animales y las personas que no ven nada de malo en que alguien se coma unos cuantos chorizos.

El 21 de febrero el cuerpo de bomberos de Pewey, un pequeño pueblo a 128 kilómetros de Londres, recibió una llamada de emergencia: un establo con con dos cerdas y 18 cerditos se estaba incendiando.

Los bomberos llegaron al lugar con prontitud y salvaron a los animales, a pesar de que la edificación quedó totalmente en ruinas al ser consumida por las llamas.

La proeza, en la que los hombres pusieron en riesgo sus vidas por las de los cerditos, no llegó a los grandes medios de Gran Bretaña. Fue un acto más bien discreto, que pasó casi desapercibido. 

Rachel Rivers, la administradora de la granja, prometió entonces recompensar a los bomberos. Sin embargo, pasaron los meses y parecía que todo quedaba en promesas. Hasta que un día…

El 22 de agosto, seis meses después de la hazaña, a la estación de bomberos de Pewey llegó el regalo de Rachel River: un paquete de chorizos.

Muy recomendadas por el equipo del cuartel de bomberos y si alguno de nuestros seguidores hace una barbacoa este fin de semana, prueben estos chorizos, son fantásticos“, dijo el equipo en una publicación de Facebook que desató la furia de los defensores de animales.