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    Generación del confinamiento: Desarmando la bomba de tiempo

    El impacto desproporcionado de la pandemia sobre la juventud activó una bomba de tiempo que podría afectar la estabilidad social y política en América Latina y el Caribe. Los componentes de esta mezcla explosiva incluyen desempleo, informalidad y reducciones de la oferta laboral sin precedentes entre la población de 15 a 24 años.

    La población joven está entre las que padecen con mayor intensidad las consecuencias sociales y económicas de la pandemia en la región, y harán frente a los efectos de la misma en los próximos años de su vida laboral, corriendo el riesgo de pasar a constituir una “generación del confinamiento”.

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    Esta generación ha experimentado los impactos de la COVID-19 a través de una multiplicidad de canales tales como la interrupción de sus programas educativos o de formación y de puente hacia el mercado de trabajo (aprendizaje y pasantías), la pérdida de empleo y de ingresos, y la perspectiva de enfrentar mayores dificultades para encontrar una ocupación en el futuro.

    En este Día Internacional de la Juventud es importante tener en cuenta que será necesario contar con estrategias específicamente destinadas a mejorar el empleo juvenil, si queremos desactivar el impacto profundo de la pandemia en mujeres y hombres jóvenes. De lo contrario, las secuelas durarán mucho tiempo.

    En América Latina y el Caribe hay cerca de 107 millones de jóvenes entre 15 y 24 años, de acuerdo con estimaciones demográficas recientes, de los cuales alrededor de 48 millones forman parte de la fuerza de trabajo, es decir que tienen un empleo o están buscándolo activamente.

    A comienzos de 2021 la tasa regional promedio de desocupación juvenil habría llegado a 23,8 por ciento, de acuerdo con datos disponibles de nueve países. Este el nivel más alto registrado desde que este promedio comenzó a ser elaborado desde 2006 y representa un aumento de más de 3 puntos porcentuales en comparación con el nivel de 2019 antes de la pandemia. La tasa de desocupación entre los jóvenes más que duplica la tasa general a nivel regional. Esto significa que unos 11 millones de jóvenes buscan un empleo sin conseguirlo.

    Al mismo tiempo, la tasa de participación laboral juvenil experimentó una contracción al caer cerca de 3 puntos porcentuales registrando un nivel de 45,6 por ciento en el primer trimestre de 2021. Esa baja en la tasa de participación implica que en el primer trimestre de este año entre 2 y 3 millones de jóvenes se mantenían fuera de la fuerza de trabajo ante la dificultad de encontrar empleos por la crisis.

    Aunque la demanda de empleo comience a evidenciar un comportamiento más favorable de la mano de un mayor dinamismo económico, las oportunidades de empleo para los jóvenes continuarán estando muy restringidas. En este contexto la ya elevada incidencia de la informalidad entre estos trabajadores, que afectaba a seis de cada 10 jóvenes antes de la pandemia, corre el riesgo de incrementarse aún más.

    No hay que olvidar que las medidas para enfrentar la crisis también impactaron en forma inédita las actividades de educación y formación, con el cierre de clases presenciales y dificultades de continuar de manera virtual para quienes no cuentan con el equipamiento adecuado. Gran parte de los programas de aprendizaje y pasantías y otros mecanismos de transición al empleo, fueron interrumpidos, dificultando la futura inserción profesional.

    La suma de estos factores afecta profundamente un momento clave en la vida de las personas como es la transición de la educación al trabajo.

    Con escuelas y universidades cerradas, y sin posibilidades de conseguir un puesto de trabajo, con millones de empresas quebradas o al borde de la quiebra, también es probable que un número importante de jóvenes se haya incorporado a aquellos que no estudian ni trabajan, llamados “ni-ni”, que causa gran preocupación en la región.

    Aún no hay datos para la región en su conjunto sobre lo que está sucediendo con este subgrupo de jóvenes en tiempos de pandemia, pero ya antes de la COVID-19 se estimaba que incluía a cerca de 23 millones de personas, alrededor de 20 por ciento de los jóvenes en la región.

    La falta de oportunidades de empleo juvenil es preocupante porque puede afectar la trayectoria laboral de las personas y limita sus posibilidades de acceder a un trabajo decente en el futuro. Iniciar una vida laboral de manera precaria, bajo el asedio de la desocupación y la informalidad, puede tener efectos persistentes sobre el acceso a los empleos, las condiciones laborales, y sobre los ingresos.

    Pero además hay que considerar la importancia del empleo juvenil para la estabilidad de las sociedades. La falta de oportunidades de empleo adecuadas son fuente de desaliento y frustración, lo cual puede desembocar en situaciones conflictivas e incluso afectar la gobernabilidad a diversos niveles.

    Las protestas que habían surgido en diversos países de esta región antes de la pandemia eran encabezadas por jóvenes. Después de una crisis feroz que ha dejado a muchas personas sin esperanzas, ya hemos visto como en algunos países esos jóvenes vuelven a salir a reclamar un porvenir.

    Para enfrentar el desafío del empleo juvenil es necesario recurrir a una combinación de políticas diseñadas especialmente para enfrentar un problema estructural y complejo.

    El momento actual demandará estrategias para aumentar la oferta de empleos, para estimular la contratación de jóvenes, para apoyar a las empresas y a los emprendedores, y para impulsar la educación y la formación de manera que respondan a los nuevos requerimientos de los mercados laborales, incluyendo los de la revolución digital.

    La voluntad política para avanzar por este camino requiere además de un diálogo social para contar con políticas consensuales.

    Hay un aspecto fundamental a tener en cuenta cuando se diseñen estrategias para promover el empleo juvenil después de esta atroz pandemia: no podemos prescindir del aporte de los jóvenes, es esencial para construir sociedades prósperas e inclusivas en nuestra región.

    Tampoco debemos olvidar que los jóvenes son, sin ninguna duda, los protagonistas del futuro del trabajo que queremos.

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