Homestead acoge a menores hondureños que cruzan la frontera

Uno a uno, los adolescentes se alinearon. Una fila para las niñas, la otra para los varones. Se les puso en orden por edad.

Con toallas, ropa interior, ropas y zapatos en la mano, se les separó en grupos de ocho y entraron en las casetas blancas de las duchas.

Los muchachos, que son menores no acompañados de edades entre 0 y 17 años, estaban apenas unos días antes bajo la custodia de Seguridad Nacional. Muchos de ellos buscaban escapar, al cruzar la frontera mexicana, al peligro y la pobreza en sus países de nacimiento en América Central. Después de tres días, se les colocó bajo el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, posteriormente volaron hacia Miami, y luego viajaron en autobuses hasta un refugio temporal en Homestead.

Según llegaban, se les daba de inmediato brazaletes y ropas de varios colores para identificarlos. Se lavaron sus manos y se les llevó a la sala de duchas en el refugio temporal en Homestead en el antiguo lugar que ocupaban los Job Corps (Cuerpos Laborales) de Homestead.

Era el primer grupo de muchos que se esperaba que llegara a este lugar, de la ola de menores que cruzan la frontera con México sin familiares mientras seguían saliendo de América Central.

Es la primera vez que el Sur de la Florida alberga a menores no acompañados. Más de 200 residen actualmente en el refugio, que tiene capacidad para 600 más. Los menores tienen edades de 13 a 17, y son de Honduras, Guatemala y El Salvador.

El gobierno federal opera unos 100 refugios permanentes a lo largo del país, pero el lugar en Homestead es el único refugio temporal actualmente activo y se abrió para manejar el enorme arribo de jóvenes que esperan una audiencia migratoria.

“Regresemos tiempo atrás. En el 2014, el aumento de menores no acompañados que cruzaban la frontera dejó fotos de niños amontonados por la Patrulla Fronteriza. No había suficiente capacidad para los 58,000 que se enviaron a nuestro cuidado, la mayor cantidad jamás en la historia del programa”, dijo Stephanie Acker Housman, portavoz de Seguridad Nacional en Homestead. “Fue entonces cuando [el Departamento de Salud y Servicios Humanos] comenzó a trabajar con Seguridad Nacional para mejorar y aumentar la preparación, al instalar albergues temporales adicionales”.

En el 2015, casi 38,000 menores pasaron por el sistema — el segundo mayor número en la historia del país, dijo Housman. Sin embargo, no se necesitaba un albergue temporal.

“En el otoño del 2016 vimos un repunte en referidos, y es por esto que estamos en este momento en Homestead”, manifestó Housman, quien agregó que en los albergues temporales previos que se usaron en el verano del 2014, costó unos $500 al día cuidar a cada menor. Ella dijo que Seguridad Nacional en Homestead “no sabe aún” cuánto costará albergar a los niños en esa ciudad hasta que “pase algún tiempo”.

El lugar de los Job Corps fue un buen candidato, porque es un terreno federal y ya tiene una instalación con amplio espacio, cafeterías y dormitorios. El complejo incluye el antiguo edificio de los Job Corps, donde pueden dormir 800 niños, además de tiendas de campaña levantadas que tienen baños, tintorerías y otras instalaciones.

La semana pasada, Seguridad Nacional en Homestead dio al Miami Herald un recorrido por la instalación. No se permitieron aparatos de grabación para “proteger la privacidad de los niños”, dijo Housman.

En el refugio, se les da a los niños comidas, cuidado médico y escuela. Los consejeros trabajan con los niños que pueden haber experimentado abusos mentales, físicos o sexuales, así como otros que han escapado a amenazas de bandas y la extrema pobreza. Antes que se acomode a los niños, se les vacuna y se le hacen análisis. A cada niña de más de 10 años se le hace una prueba de embarazo.

La instalación tiene un agente en cada punto. Cada vcz que un niño entra o sale de un edificio, se escanean sus brazaletes, Durante la primera semana de su estancia, se les asigna una cama en una litera. Noventa y ocho literas están alineadas dentro de una gran habitación, donde se pueden ver cajones de almacenamiento debajo de cada cama. En el pasillo, coloridos murales de corcho con las actividades y el programa diario adornan las paredes.

Ellos reciben tres comidas y dos meriendas diarias (3,500 calorías). Se levantan a las 6:30 a.m. y las luces se apagan a las 10:30 p.m. Todo el personal es bilingüe.

Después de unos cinco días, se pasa a los niños a pequeños dormitorios en el edificio de los Job Corps. A cada grupo de ocho se le asigna un “líder del equipo”, que es un miembro del personal y este tiene turnos rotativos. La supervisión es de 24 horas diarias, los siete días de la semana. A todos los niños se les permite dos llamadas telefónicas a la semana a sus padres en su casa, o a potenciales patrocinadores en Estados Unidos.

En los salones de clase más allá del pasillo, se puede ver a niños con camisetas deportivas rojas, negras y azules. Todos los niños asisten a clases de inglés, historia de Estados Unidos, lectura y escritura.

Muy cerca, una niña está sentada en un salón de clases vacío. Sus manos cubren su frente y corren lágrimas por su rostro. Dos consejeros o maestros se sientan con ella.

Debido a reglas de Seguridad Nacional de Homestead, al Miami Herald no se le permitió entrevistar a ningún niño.

La agencia federal es responsable de suministrar cuidado y seguridad constante a los niños inmigrantes no acompañados mientras estén en el país. Los niños pasan 32 días como promedio en los albergues, mientras el gobierno busca un patrocinador y los jóvenes esperan los procedimientos de inmigración. Los patrocinadores son usualmente los padres, un pariente cercano o un amigo de la familia.

No se integra a los niños la comunidad local. Alrededor del campo hay altas cercas con varios puntos de chequeo de seguridad.

En su lugar, los niños tienen acceso al baloncesto, el voleibol y otros deportes. Se les ofrece un servicio religioso a la semana y tienen salones con video juegos y libros. No hay internet o visitantes.

El año pasado, alrededor del 55 por ciento de los niños que cruzaron la frontera tenían a sus padres viviendo en Estados Unidos y fueron a vivir con ellos; un 35 por ciento fue a vivir con familiares cercanos y el resto fue a vivir con parientes o amigos de la familia, de acuerdo con Seguridad Nacional en Homestead.

En agosto del 2015, funcionarios federales suspendieron las clases en Homestead Job Corps después que se arrestó a cuatro estudiantes y se les acusó de asesinar a machetazos a un compañero de clases. La mayoria de los participantes en los Job Corps que son del área de Miami-Dade se encuentran enrolados en otros centros de Job Corps en la Florida.

Fuente: El Nuevo Heraldo