La muerte de dos afroamericanos en menos de 48 horas desata la ira en el sur de EEUU

«Estoy furiosa» decía este jueves la madre del joven Philando Castile, el último afroamericano abatido por la policía en el suburbio de Falcon Heights (Minnesota) después de que le dieran el alto en su vehículo por supuestamente llevar una luz rota. Valerie Castile lamentaba la perdida de su hijo de 32 años, que trabajaba en la cafetería de un colegio; era un buen ciudadano que«pagaba sus impuestos y estaba intentando hacer las cosas bien», decía su madre que siempre le aconsejaba que en caso de cruzarse con las fuerzas del orden obedeciera.

«No era ningún matón», subrayaba la madre de Philando antes de explicar que su hijo tenía licencia para llevar armas. Castile fue disparado presuntamente cuando avisó al agente de que llevaba un arma e intentó darle la licencia de conducir y el permiso de armas como el agente le había pedido, según explicó su prometida Daimond Reynolds, que se encontraba en el vehículo con él y con su hija. Reynolds grabó lo ocurrido tras los disparos y lo difundió en vivo.

La emisión de estas imágenes desataron la ira entre los vecinos en la noche del miércoles. Varias decenas de personas se dieron cita ante la mansión del gobernador de Minnesota, Mark Dayton, para reclamar justicia; la indignación se mantuvo este jueves. El grito «sin justicia no hay paz» retumbaba en el estado. Dayton pidió ayer que se abra una investigación federal sobre lo ocurrido.

«Somos perseguidos cada día. Es una guerra silenciosa contra los afroamericanos en su conjunto», censuraba Valerie Castile en una entrevista pocas horas después de la muerte de su hijo. «Se está volviendo cada vez más repetitivo. Todos los días se oye hablar de otra persona negra abatida, disparada por quienes supuestamente nos protegen», criticaba con un tono de rabia.

Y no le falta razón. La muerte de Castile se produce cuando la sociedad aún está conmocionada por el trágico incidente el que murió otro joven de 37 años, Alton Sterling, mientras era reducido por dos agentes a las puertas de una tienda donde parece ser que estaba vendiendo CDs en Baton Rouge (Luisiana). Su descripción correspondía con la que una persona anónima había dado al denunciar telefónicamente que había sido apuntado con una pistola. Entre ambos incidentes habían pasado alrededor de 48 horas.

Los vídeos sobre el altercado, hechos públicos a través de redes sociales y medios locales no muestran una imagen nítida de arma alguna; se escuchan gritos de «¡Un arma! y se ve a los dos agentes encima de Sterling. El propietario del establecimiento, testigo de lo ocurrido, ha asegurado que la pistola no era visible hasta después de los disparos.

Pocas horas después de que saliese a la luz el primero de los vídeos, el gobernador de Lusiana, el demócrata John Bel Edwards, señaló que era «inquietante cuanto menos» y manifestó su preocupación por lo ocurrido. También pidió a los residentes que mantuvieran la calma. En los últimos dos años, la indignación entre la población ha ido in crecendo ante la ola de nuevos casos que no cesa.

Hace dos años, en julio de 2014 Eric Garner murió estrangulado en Staten Island cuando un agente intentaba reducirlo con una llave por estar vendiendo cigarrillos ilegalmente. En noviembre de ese año Tamir Rice murió mientras jugaba con una pistola de mentira al recibir los disparos de un agente; en agosto de 2015, Michael Brown fue tiroteado en Ferguson (Misuri) cuando iba desarmado y con los brazos en alto. Estos son sólo algunos de los trágicos incidentes en los que los agentes, en ocasiones, ni siquiera han sido juzgados.

«Actos de violencia o destrucción de la propiedad no son la respuesta», señaló Bel Edwards a la vez que pidió a los ciudadanos que dejasen a los oficiales esclarecer lo ocurrido. Los dos agentes involucrados han sido relevados de sus funciones y están con una baja administrativa. El agente involucrado en el incidente de Luisina está de baja administrativa pagada.

El Departamento de Justicia anunció este miércoles que la unidad de derechos civiles, en colaboración con el FBI, investigará el tiroteo que acabó con la vida de Sterling, padre de cinco hijos.

Una tragedia de la que está al tanto el presidente Barack Obama, quien ha asegurado que es un «grave problema» y que no se trata de «casos aislados».

El presidente de EEUU ha asegurado que las muertes de Sterling y Castile son síntoma «de los desafíos en nuestro sistema de justicia criminal, la disparidad racial que se muestra en nuestro sistema año tras año».

La virtual candidata demócrata a la presidencia de EEUU, Hillary Clinton, lamentó lo ocurrido en Luisiana. «Desde Ferguson a Baton Rouge, demasiadas familias afroamericanas lloran la pérdida de un ser querido por un incidente con un policía involucrado», señaló en un comunicado.

Para la ex secretaria de Estado » algo está profundamente mal cuando demasiados estadounidenses tienen razones para creer que nuestro país no les considera tan valiosos como otros por el color de su piel», reflexionaba en su escrito.

Según la base de datos de Fatal Encounters, ya son 157 los afroamericanos que han perdido la vida en incidentes con las fuerzas del orden en lo que va de año. La mayoría de ellos con disparos de por medio. La organización, dirigida por Brian Burghart, intenta completar el registro de las víctimas que se han producido en interacciones con la policía desde el año 2000. En 2016, han muerto 727 personas en total y en 2015, los fallecidos ascendieron a 1356.