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    Los médicos indonesios actúan contra la violencia familia

    Los médicos de la isla indonesia de Sulawesi Central están poniendo en práctica una formación que han recibido del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) para identificar y actuar ante casos de violencia doméstica.

    Cuando los padres de un niño de cinco años herido le dijeron a la doctora Fai’zah A. Salim que se había caído de una escalera, ella no quedó convencida y sospechó lo contrario.

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    Entrenada por el Fondo en Palu, la capital de Sulawesi Central, para identificar indicios físicos y psicológicos de violencia doméstica, la doctora remitió al niño a un consejero social. Poco después, el niño explicó lo que había ocurrido realmente y cómo su padre le había pegado por una travesura.

    Los médicos, entrenados para reconocer los indicios de violencia doméstica, pueden ayudar a las víctimas más allá del simple tratamiento de las heridas físicas.
    © Puskemas Sangurara // Los médicos, entrenados para reconocer los indicios de violencia doméstica, pueden ayudar a las víctimas más allá del simple tratamiento de las heridas físicas.

    La identificación es el primer paso

    «La identificación es el primer paso para poder ayudar», afirma Salim. «Tenemos que hacer mucho más que tratar heridas sintomáticas«.

    El Centro de Salud Pública, o Puskemas, donde trabaja la doctora, forma parte de un programa piloto de la agencia de la ONU para combatir la violencia de género y otras formas de violencia doméstica.

    El programa abarca 11 distritos de Indonesia, incluido Palu. En el marco de este programa, el UNFPA apoya al Gobierno en la formulación de políticas y entrena a profesionales de la salud. También anima a los socios locales a abogar por qué las víctimas se presenten y busquen ayuda más allá del tratamiento de sus heridas físicas.

    Los resultados son significativos. En los tres primeros meses de 2023, el personal de Puskemas Sangurara ya había detectado siete casos de violencia doméstica, en comparación con uno o dos que, en el pasado, se detectaban en todo un año.

    «¿Se debe a que ahora somos más conscientes o porque estamos mejor preparados para reconocer los síntomas de la violencia de género? Probablemente, a ambas cosas», dijo Salim.

     

    Una víctima de violencia de género recibe asesoramiento en el centro de salud de Sanguara, en Palu.
    ONU Indonesia // Una víctima de violencia de género recibe asesoramiento en el centro de salud de Sanguara, en Palu.

    Grave preocupación por la violencia de género

    A pesar de los importantes avances en materia de igualdad de género, incluido el incremento al acceso de las mujeres a la educación, el empleo y los servicios sanitarios, la violencia de género sigue siendo un grave problema de salud pública y derechos humanos en Indonesia, declaró Norcahyo Budi Waskito, oficial de programas del UNFPA en el país asiático.

    Se han establecido políticas, estrategias y documentos jurídicos nacionales. Sin embargo, no siempre se han puesto en marcha a nivel local. El gobierno ha reconocido la necesidad de una solución sistemática para acabar con la violencia de género y se ha asociado con organismos de las naciones Unidas como el UNFPA y ONU Mujeres.

    El número de casos denunciados ha aumentado de unos 216.000 en 2012 a cerca de 458.000 en 2022, según la Comisión Nacional sobre la Violencia contra la Mujer. Esto sugiere que los esfuerzos para animar a más víctimas a denunciar están surtiendo efecto.

    No obstante, es probable que las cifras no representen el panorama completo, ya que lo que ocurre tras puertas cerradas en el hogar sigue siendo tabú para muchos, y denunciarlo conlleva un estigma.

    La vergüenza no es la única razón que impide que las víctimas denuncien; también hay un desincentivo financiero.

    Annisa Rahmah, médica de urgencias del Hospital Anuta Pura de Palu, dijo que algunas víctimas prefieren marcharse una vez sus casos se identifican como violencia doméstica porque entonces el tratamiento no estaría cubierto por el seguro médico del Estado.

    «Es deprimente ver cómo se marchan», afirma. A los que se quedan se les ofrece un paquete de tratamiento, que incluye asesoramiento psicológico.

    Hombres en un centro comunitario religioso debaten sobre la violencia de género y doméstica.
    © Puskemas Sangurara // Hombres en un centro comunitario religioso debaten sobre la violencia de género y doméstica.

    Apoyo a las víctimas

    Además de entrenar al personal médico, el UNFPA también apoya a grupos comunitarios y organizaciones no gubernamentales. En Palu, la organización de mujeres Libu Perempuan, por ejemplo, cuenta con 30 voluntarios, desde abogados a psicólogos, para ayudar a las víctimas.

    La asociación también gestiona un piso franco, en el que viven actualmente dos familias, y organiza programas de entrenamiento, incluido el programa para hombres sobre prevención de la violencia de género y familiar.

    «La idea de que ayudar a las víctimas es tan importante como entregar a los agresores a la justicia fue un cambio de mentalidad importante en la sociedad«, afirma Maya Safira, coordinadora del programa. Todos sus colegas participaron en los cursos del UNFPA.

    En un país de 280 millones de habitantes y más de 7500 distritos, la formación del UNFPA en 11 distritos tiene un alcance limitado. Pero Budi Waskito, oficial de programas del UNFPA, dijo que el proyecto piloto ofrece un modelo que otros donantes o el Gobierno pueden reproducir.

    «Proporcionamos una receta, pero no podemos cocinar cada plato de comida«, dijo.

    El UNFPA colabora estrechamente con el Ministerio de Salud para que la formación que ofrece pueda ser ampliada por el Gobierno. La agencia ha ayudado al Ministerio a elaborar un manual de entrenamiento para el personal médico, directrices de respuesta para hospitales y orientaciones para programas locales de defensa.

    El Ministerio de Salud está estudiando la posibilidad de replicar el éxito de este proyecto, dijo Kartini Rustandi, directora de Salud Reproductiva, Edad y Tercera Edad.

    «El Ministerio de Salud sigue esforzándose por acelerar la distribución equitativa de centros de salud capaces de gestionar la violencia contra las mujeres y los niños, así como capacitación del personal sanitario, ya sea mediante fondos del presupuesto ordinario, asignaciones presupuestarias específicas o en colaboración con donantes», declaró.

    Para Faiza, el objetivo está claro. “Hasta que no hayamos evitado todos los casos de violencia de género, nos queda trabajo por hacer», afirma. «Y lo estamos haciendo».

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