Muhammad Ali: una herencia de más de 75 millones con destino incierto

Detrás del inmenso legado, hay una poderosa fortuna. Pese a no haberse subido a un ring de forma profesional en 30 años, Muhammad Ali tuvo una existencia acomodada hasta el final, con una fortuna que algunos estiman en más de 75 millones de euros. Esa misma, ahora, puede ser motivo de disputa entre los presuntos herederos que acudieron al funeral de Ali y que dieron muestras de solidaridad y entendimiento entre ellos.

Algunos, como su único hijo biológico, Muhammad Ali Jr. (nacido en 1972 del segundo matrimonio del boxeador) llevaban años sin contar para la leyenda. Recientemente se supo que no había hablado con su padre en dos años y que sus varios intentos de contactarla habían resultado infructuosos. La culpa la pudo tener la última mujer de Ali, que no solo se dedicó a cuidar de su marido durante los últimos años de su vida, sino que protegió sus intereses financieros de quienes consideraba que solo buscaban a la leyenda por su dinero.

En esa lista estaba el hijo del púgil y el hermano, Rahman, apartados de la existencia del oro olímpico en los Juegos de Roma 60. Esa postura sacudió con especial dureza al único varón que tuvo el atleta en vida, actualmente en una situación financiera muy complicada.

De Ali Junior se sabe que tiene 44 años y que no tiene trabajo, obligado a vivir en uno de los barrios más peligroso de Chicago -al sur de la ciudad- y golpeado en la actualidad por una oleada de crímenes como no había vivido la ciudad de los vientos en años.

 

una herencia de más de 75 millones con destino incierto1

Gracias a su mujer Shaakira, vive en una muy modesta buhardilla junto a sus dos hijos a los que tiene serias dificultades para mantener. Las instituciones de caridad se encargan de que Ali reciba comida y ropa para salir del paso, una situación que se ha ido agravando desde que su padre le dejó de ayudar casi por completo desde 2004.

«Desapareció de mi vida en el momento en que se casó con Lonnie», dijo Muhammad Jr en 2014 en una entrevista con el New York Post. En ella, asegura que tuvo una infancia muy complicada por la ausencia de su padre, ocupado siempre con sus peleas y sus otros compromisos profesionales. Dice que de pequeño, con 12 años, le daba dinero sin más explicaciones para cubrir sus necesidades, pero después, con la llegada de su cuarta mujer y un deterioro paulatino de su salud, todo eso cambió de golpe.

«Los viajes para verme se interrumpieron de repente. Ella me dijo una vez que no podían permitirse venir a visitarme», añade. «¿Cómo puede ser que es hombre tan respetado a nivel mundial, más grande que Elvis, con todo el dinero que ha ganado, no se pueda permitir viajar?«.

En el fondo, y pese al cariño que había al principio, el joven Ali reniega de su destino. «Es como que estoy maldito. Mi vida está maldita. Pensé incluso en cambiarme de nombre a Malik Islam y huir para comenzar una vida nueva. Pero mis hijos me detuvieron. Quiero enseñarles y darles la disciplina que a mí no me dieron».

Ni tiene trabajo ni mucha idea de cómo encontrarlo. No sabe ni usar internet. Por eso su esperanza pasa ahora por llevarse un pellizco de todos los millones que le negaron y que por ley deberían ser suyos, a repartir entre las otras siete hijas de su padre y el varón adoptado junto a Williams, Assad Amin.

El botín son esos 75 millones de euros que el gran Cassius Clay fue amasando con el tiempo, mucho después incluso de haberse retirado. De hecho, el negocio fue mucho más próspero tras su última pelea frente al jamaicano-canadiense Trevor Berbick, en una época en la que las bolsas por un combate ni se acercaban a las cantidades estratosféricas que hoy manejan púgiles como Manny Pacquiao o Floyd Mayweather.

En aquel inolvidable enfrentamiento contra Joe Frazier de 1971, bautizado por la prensa como «El combate del siglo», la cantidad a repartir entre ambos fueron 5 millones de dólares, peccata minuta en comparación con los más de 230 millones de dólares que se llevó Mayweather y los 150 millones para su oponente filipino.

Hábil en los negocios

Ali nunca llegó a semejantes cantidades pero tampoco le fue mal con sus negocios. En 2006 le vendió los derechos de nombre e imagen a la firma CKX por 50 millones de dólares, cediendo además el control -en un 80 por ciento- de su compañía Goat Inc.

También hizo caja con contratos publicitarios adicionales, entre 4 y 7 millones de dólares anuales con marcas como Adidas, Toyota y Mr. Porter, siempre abierto a nuevas ideas para hacer dinero. El año pasado firmó un contrato con la marca Under Armour para una línea de ropa cómoda y elegante con su imagen. La colección salió a la venta en otoño de 2015.

Todo eso está en juego sin que se haya hablado de una última voluntad por escrito que estableciera un justo reparto. Está el agravante además de la pérdida de facultades de Ali a causa del Parkinson que padecía desde 1984, y que podría haber complicado aún más ese proceso.

En principio, tendrían derecho su mujer, Lonnie, con la que estuvo casado 30 años, los cuatro hijos que tuvo con su segunda esposa, Belinda Boyd, sus dos hijas fruto de su tercer matrimonio con Veronica Porché y el hijo adoptado durante su cuarto y definitivo enlace.

Hábil en los negocios

Puede que tampoco falten los oportunistas y las madres de los dos hijos que tuvo el púgil musulmán en sus numerosos escarceos amorosos entre matrimonios. Uno de esos casos fue el de Kiiursti Mensah Ali, cuya madre asegura que tuvo un affairede más de 20 años con el boxeador de Louisiana y que podría entrar en la puja por los 75 millones de euros, a falta de que se conozca el testamento oficial.

Barbara Mensah presentó pruebas contundentes como fotografías y hasta una prueba de paternidad en 1988. Después dijo que Ali había reconocido la situación y que se ocupó de la niña, aunque, como en el caso de Ali Jr, cortó de raíz cualquier contacto en el momento en que apareció Lonnie Williams en escena. Fue la mujer que bloqueó su presencia en el funeral.

Ella parece ser la clave asimismo de todo este meollo del reparto de su fortuna y una de las personas que mejor conoció al boxeador que falleció a los 74 años. Según amigos de la pareja, Lonnie manejó todos los asuntos de su marido con amor y determinación, protegiendo su salud y finanzas, ambas en clara decadencia cuando pasaron por el altar.

«Debido a la delicada salud de Muhammad y con la idea de protegerle, estoy seguro de que ella tuvo que decir que no muchas veces, lo que no siempre fue la decisión más popular para mucha gente», explicó Jimmy Walker, un conocido de la familia Ali en una entrevista con The New York Times.«Protegió a Muhammad de gente que no tenía las mejores intenciones».

Intensa y llamativa fue su historia de amor. Ali conocía a Williams desde que ésta era una niña. Hay fotos de archivo del joven Clay con una pequeña de 6 años que 30 años más tarde su convertiría en su más fiel compañera de vida. John Ramsey, el dueño del Ringside Café de Louisville, Kentucky, aún recuerda con claridad una de las primeras citas de la pareja en 1992. «Él estaba tratando de besarla en la mejilla y ella se sonrojaba mientras se alejaba un poco, Me conmovió el corazón».