500 años de la Reforma de Lutero

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Hace 500 años, el 31 de octubre de 1517, el religioso publicaba las 95 tesis en las que denunciaba los escándalos de la Iglesia. Sin proponérselo, rompe con ese gesto la unidad del catolicismo y sienta las bases del protestantismo

No era el primer cuestionamiento a la jerarquía de la Iglesia, ni el primer reclamo de una vuelta del cristianismo a las fuentes. Pero hasta entonces, la Iglesia había superado estas disidencias por la represión o por la captación. Para que el desafío del monje agustino Martín Lutero (1483-1546) haya adquirido la dimensión que adquirió, tuvo que ser potenciado por el contexto cultural además de imbricarse con otros fenómenos que excedían lo religioso.

La primera sorpresa fue para el propio Lutero, profesor de teología de la universidad de Wittenberg, que dirigió sus tesis a las autoridades eclesiásticas: quería debatir sobre el uso abusivo y extendido de las indulgencias que permitían, mediante limosna, evitar los castigos -comprar indulgencia- que supuestamente esperaban al pecador en el más allá.

Martín Lutero clava sus 95 tesis en la puerta de la iglesia de Wittenberg

Martín Lutero clava sus 95 tesis en la puerta de la iglesia de Wittenberg

Martín Lutero no imaginó que su texto trascendería los medios académicos para difundirse por toda Alemania, lo que suscitaría la cólera de las autoridades eclesiásticas y llegaría a oídos del Papa León X.

Convencionalmente, el episodio del 31 de octubre de 1517, día en que supuestamente Lutero clavó sus tesis en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg, es tomado como el comienzo de la Reforma; sin embargo, la ruptura con Roma no sólo no es buscada sino que se consumará recién en 1520, cuando Lutero, ya convencido de su misión reformadora y tras negarse reiteradamente a la retractación, quema la bula papal que le pide revisar sus posiciones bajo pena de excomunión.

A partir de entonces construirá una renovada doctrina cristiana en varios escritos producidos casi todos en ese año 1520 y que se difunden en un amplio público, gracias al reciente invento de la imprenta por Gutemberg.

Pero en la evolución de la iniciativa de Lutero incide mucho el contexto geopolítico y en especial, como se verá más adelante, la peculiar conformación y funcionamiento del Sacro Imperio Romano Germánico. El agustino goza casi desde el primer momento de la protección de Federico III el Sabio, el poderoso Elector de Sajonia, que le ofrece un apoyo sin fisuras cuando es proscripto del Imperio. A partir de 1525, otros príncipes germánicos así como ciudades libres se suman al luteranismo, porque ven en él un medio para afirmar su independencia frente a la doble tutela romana e imperial.

Estos “pases” tendrán consecuencias en el plano militar. El emperador Carlos V se asume como campeón del catolicismo pero, en 1555, se inclina ante la nueva realidad. La paz de Ausburgo reconoce la existencia oficial del luteranismo en el Imperio. Otras corrientes del protestantismo ya han nacido. Europa ha entrado en la modernidad.

Federico III, el Sabio, Elector de Sajonia. Este príncipe fue el protector de Martín Lutero

Federico III, el Sabio, Elector de Sajonia. Este príncipe fue el protector de Martín Lutero

Pero no hay que perder de vista que la iniciativa de Lutero tuvo otras hondas consecuencias en la Iglesia Católica que no se limitó a responder al desafío resistiendo, sino que buscó en su propio seno las fuerzas necesarias para renovarse, siendo el Concilio de Trento la expresión más visible de esta reacción.

El historiador francés Jean Delumeau, especialista en cristianismo y Renacimiento, habla incluso de “dos Reformas”, que constituyen, “pese a las excomuniones recíprocas, dos aspectos complementarios de un mismo proceso de cristianización”.

A continuación, parte de un informe de la Revista Codexpublicado a su vez en el sitio especializado Herodote, “Lutero, el hombre que dijo no”.