El 27 de marzo de 1977, el aeropuerto español de Los Rodeos fue el escenario de la mayor tragedia de la aviación civil de la historia por la conjunción de errores humanos y condiciones meteorológicas adversas.

Recuerdo aún olor a carne quemada, era horroroso“, explica en una entrevista el fotógrafo de Efe, Antonio Rueda, que, ya retirado, recuerda la catástrofe aérea como los días “más tristes y dolorosos” de su carrera en la agencia.

El 27 de marzo de 1977 chocaron en el aeropuerto de la isla de Tenerife (Atlántico) dos Boeing 747, uno de la compañía holandesa KLM y otro de la estadounidense Pan Am, mientras realizaban maniobras de despegue.

Las investigaciones esclarecieron que la causa principal del accidente fue el fallo humano del comandante de la KLM que inició el despegue sin la autorización de la torre de control por un error en las comunicaciones.

El piloto no respetó la orden de “standby for take-off” (espere para despegar) y tampoco interrumpió el despegue cuando le comunicaron que el avión de Pan Am seguía en la pista.

A esto se unió la baja visibilidad por niebla de la pista de despegue, la falta de un sistema eficiente de iluminación, la inexistencia de un radar de superficie y la congestión del aeropuerto, al que se desviaron otros vuelos por un ataque terrorista en otro aeropuerto de una isla cercana.

Aunque Antonio Rueda se retiró hace más de 25 años, sigue sin olvidar aquel domingo de 1977 en el que tuvo que racionar los dos únicos carretes que llevaba.