Las 4 claves que convirtieron a Michael en un huracán monstruoso tan deprisa

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Para crear un monstruo se necesita aire húmedo, aguas cálidas, presión atmosférica baja y el ingrediente secreto de la receta, patrones de viento ideales.

Así fue como Michael logró aumentar la velocidad de sus vientos en cincuenta millas en menos de 24 horas, llegando al espeluznante total de 155 millas por hora.

“Michael convirtió nuestros peores temores en realidad, de rápida intensificación justo antes de tocar tierra en una parte de la costa que nunca antes había experimentado un huracán categoría cuatro”, dijo a AP el investigador Brian McNoldy de la universidad de Miami.

Los huracanes tienen algo que se llama intensidad potencial. Es el nivel máximo que la tormenta puede alcanzar si todos los factores necesarios se alinean, dijo el experto de la Administración Oceánica y Atmosférica Nacional Jim Kossin a la agencia AP.

“Todo estuvo puesto para que Michael alcanzara su potencial, y lo hizo”, dijo Kossin.

Uno de los factores más determinantes de un huracán es la presión central. Entre más baja sea la presión, más poderoso es el meteoro. Michael tuvo la tercera presión más baja que cualquier tormenta que haya pisado los Estados Unidos haya tenido, sólo por detrás de la tormenta del Día del Trabajo de 1935 y de Camile en 1969.

Los meteorólogos se dieron cuenta de cuan poderoso podía llegar a ser Michael cuando lo vieron cambiar la forma de su ojo, como se llama al centro de la tormenta. El martes, el ojo de Michael era difuso e imperfecto, pero conforme avanzó el día éste se fue definiendo más y más, hasta convertirse en la noche en un amenazante círculo casi perfecto.

Por otro lado, los factores que pueden atenuar el poderío de una tormenta no se manifestaron en esta ocasión. En particular, un fenómeno que se llama viento cortado, que consiste en que las ráfagas de la parte inferior del huracán tienen una velocidad o dirección distinta a las de las de la parte superior.