Las autoridades temen que Trump respalde el plan de Erik Prince de privatizar la guerra en Afganistán

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La idea de Prince, que surgió por primera vez el año pasado durante la revisión de la estrategia en Afganistán, contempla el reemplazo de tropas por contratistas militares privados que trabajarían para un enviado especial del gobierno para la guerra, quien le reportaría directamente al presidente.

Esto ha planteado inquietudes éticas y de seguridad entre altos funcionarios militares, legisladores clave y miembros del equipo de seguridad nacional de Trump.

Un año después del anuncio de la estrategia de actual mandatario, sus asesores temen que su impaciencia ante el conflicto en Afganistán lo lleve a considerar seriamente propuestas como la de Prince o a ordenar abruptamente la retirada total de Estados Unidos, advirtieron.

En una entrevista con NBC News, Prince dijo que cree que los asesores de Trump que se oponen a su plan están pintando “una imagen lo más rosada posible” de la situación sobre el terreno, incluyendo que “la paz está a la vuelta de la esquina” con los esfuerzos recientes de Estados Unidos por la paz al conversar con los talibanes.

Prince afirmó que cree que los asesores de Trump “hacen demasiado hincapié en lo superfluo de estas llamadas conversaciones de paz”.

Prince, un firme seguidor de Trump cuya hermana, Betsy DeVos, es la Secretaria de Educación, argumenta que después de 17 años de guerra en Afganistán, es hora de que Estados Unidos intente algo nuevo.

“Sé que está frustrado -aseguró Prince sobre el presidente-. Le dio al Pentágono lo que ellos querían… y no han cumplido”.

Prince dijo que no ha hablado directamente con Trump sobre el plan, pero le garantizó a NBC News que planea lanzar una agresiva “campaña aérea” de medios en los próximos días para intentar que el presidente la asuma.

Su esfuerzo coincide con que se cumple un año de que Trump anunciara una estrategia que aumentaría la presencia de tropas estadounidenses en Afganistán.

Antes, Trump había aprobó las recomendaciones del Pentágono a regañadientes.

“La estrategia anunciada hace un año era básicamente una versión disfrazada del statu quo”, dijo Jarrett Blanc, miembro sénior de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional, que se desempeñó como representante especial en Afganistán y Pakistán en el Departamento de Estado durante la administración de Obama.

Un portavoz del Consejo de Seguridad Nacional afirmó que Trump está comprometido con la estrategia actual que firmó después de meses de deliberaciones.

“Ninguna propuesta como la de Erik Prince está siendo considerada -expresó el vocero-. Al presidente, como a la mayoría de los estadounidenses, le gustaría ver más progresos en Afganistán. Sin embargo, también reconoce que retirarse precipitadamente de ese país conduciría a la reaparición de refugios terroristas, poniendo en peligro la vida y la seguridad nacional estadounidense”.

En recientes reuniones informativas con Trump, sus asesores han enfatizado en la posibilidad de una resolución política con los talibanes y minimizan la falta de avances militares, dijeron las autoridades.

“Durante sus sesiones informativas, el presidente escucha sobre el progreso militar y político afgano y la posibilidad de una reconciliación, pero rara vez obtiene la imagen completa de la seguridad sobre el terreno”, consideró un alto funcionario que ha visto el material informativo.

El vocero del NSC dijo, sin embargo, que el presidente recibe información regularmente sobre Afganistán, y que “sus informes son exhaustivos y cubren tanto las mejoras positivas como las acciones problemáticas”.

Un oficial de defensa opinó que la estrategia actual de Estados Unidos en Afganistán podría no mostrar resultados significativos hasta al menos el próximo verano, complicando los esfuerzos para convencer al presidente de que se quede con lo que tiene.

“El esfuerzo actual arrojará resultados, pero podría pasar un año o más antes de que la nueva misión asesora logre cambios reales sobre el terreno”, dijo el funcionario.

El renovado interés de Trump por la privatización fue avivado por un video reciente filmado por Prince, según un alto funcionario del gobierno, en el que este último argumenta que el despliegue de contratistas privados en lugar de las tropas, así como el uso de recursos gubernamentales limitados ahorraría dinero.

La Casa Blanca actualmente no tiene planes para una revisión exhaustiva de la política de Afganistán, dijeron las autoridades.

Mientras que esto podría tener lugar luego de que un nuevo comandante estadounidense tome el mando en las próximas semanas, algunos funcionarios dijeron que el equipo del presidente se ha mostrado reacio a realizarla por la preocupación sobre lo que decidirá el presidente.

Prince dijo que en los próximos días espera conversar sobre su propuesta con algunos funcionarios del Consejo de Seguridad Nacional. También dijo que mientras el año pasado dialogó con el Secretario de Defensa James Mattis y el Secretario de Estado Mike Pompeo, cuando este era director de la CIA, no ha hablado con John Bolton, quien en abril se convirtió en el tercer asesor de seguridad nacional de Trump.

Un oficial de defensa dijo que la idea de Prince aún no había llegado al Pentágono para su consideración oficial, pero que podría convertirse rápidamente en una opción real si Trump hace presión.

Mientras los entrevistados aseguran que Mattis y Pompeo se oponen al plan de Prince, un alto funcionario del Departamento de Estado dijo que “no hay posibilidad” de que este sea adoptado.

“ME GUSTA SEGUIR MIS INSTINTOS”

La situación de seguridad en Afganistán ha empeorado en el año siguiente a que Trump firmara la estrategia actual, y hay más preocupaciones sobre la estabilidad del gobierno y la corrupción en Kabul. Los talibanes continúan obteniendo ganancias, mientras que Estados Unidos ha renovado los esfuerzos para las conversaciones de paz con ese grupo militante.

Como informó NBC News en agosto de 2017, antes de aprobar el plan, el presidente se quejó a sus asesores de que estaban perdiendo la guerra y sugirió que se destituyera al general John Nicholson, comandante del ejército estadounidense en aquel país.

Cuando Trump anunció la estrategia actual, notó que su “instinto original era retirarse, e históricamente me gusta seguir mis instintos”. Pero dijo que había decidido escuchar a sus asesores para buscar un “resultado honorable y duradero” para la guerra. Actualmente, Estados Unidos tiene alrededor de 15,000 soldados en Afganistán.

La secretaria de prensa de la Casa Blanca Sarah Huckabee Sanders dijo este miércoles que el presidente está “comprometido con encontrar una solución política para poner fin al conflicto en Afganistán”.

“Como siempre, continuaremos revisando y analizando las mejores formas de avanzar”, dijo Sanders.

Según los funcionarios consultados, semanalmente, en reuniones del Gabinete y de seguridad nacional, últimamente Trump ha presionado a sus asesores sobre el progreso en Afganistán. Al sentirse frustrado, el mandatario se ha apoyado en Pompeo, el miembro de su equipo de seguridad nacional que le es más cercano. Pompeo viajó a Afganistán el mes pasado para realizar un viaje que, según la administración, fue diseñado para avanzar en la estrategia actual de EEUU en ese país.

Prince, por su parte, no fue asesor oficial de la campaña de Trump, pero donó 250,000 dólares a causas pro-Trump durante la campaña y se reunió con miembros del equipo de seguridad nacional del presidente recién electo durante la transición de poderes.

The Washington Post informó que el abogado especial Robert Mueller está investigando si Prince intentó establecer un canal secundario entre Rusia y la administración Trump en una reunión con un asociado de Putin en las Seychelles, en 2017.

Cuando ese mismo año el plan de Prince atrajo la atención de Trump, este contó con el respaldo de su ex estratega Steve Bannon y de su yerno y consejero principal, Jared Kushner.

El plan le llamó la atención por su promesa de que sería menos costoso y que pondría en riesgo a menos tropas estadounidenses, en comparación con la estrategia actual de Estados Unidos.

Este requiere de contratistas privados y aviones para ayudar a las fuerzas afganas, con la ayuda de la CIA y las fuerzas de operaciones especiales del Pentágono, quienes serán supervisados ​​por un enviado del gobierno, quien a la vez informaría directamente al presidente. También se le otorgaría la autoridad para coordinar con el gobierno afgano.

Prince cree que la actual frustración de Trump podría proporcionar un camino para el proyecto de privatización. También ha mostrado una mayor predisposición a seguir sus instintos sobre política exterior desde que reorganizó su equipo de seguridad nacional a principios de este año al reemplazar al exconsejero de Seguridad Nacional H.R. McMaster y al exsecretario de Estado, Rex Tillerson, quienes se opusieron al plan de Prince.

Un exalto funcionario de la administración dijo que mientras Estados Unidos depende de gobiernos extranjeros para ayudar a pagar los conflictos militares, sería nuevo pedirles a esos países que les paguen directamente a las compañías de seguridad privadas.

Los estrechos vínculos de Prince con los Emiratos Árabes, así como el historial de Blackwater, especialmente en Iraq, probablemente hayan planteado fuertes objeciones entre los funcionarios del gobierno y los miembros del Congreso.

En 2007, los contratistas de seguridad de Blackwater que escoltaban un convoy de la embajada de estadounidense mataron a 17 civiles en la plaza Nisour de Bagdad. Un empleado fue declarado culpable de asesinato en primer grado y tres fueron condenados por homicidio, pero sus veredictos fueron revocados diez años después.

El uso de contratistas de seguridad privada en conflictos militares estadounidenses ha sido controvertido, incluso en Afganistán. El expresidente afgano Hamid Karzai redujo el uso de contratistas de seguridad, una política que el gobierno actual debería deshacer si pretende implementar un plan como el que propone Prince.

“Esta es una idea ridícula, que empeoraría las cosas, prolongaría la guerra y causaría más muertes”, dijo el exalto funcionario de la administración que fue entrevistado.

Brian Katulis, miembro sénior del Centro para el Progreso, de tendencia izquierdista, opinó que la privatización dificultaría que el Congreso y otros supieran qué es exactamente lo que está sucediendo en la guerra.

“Esto hace que una posición ya turbia se haga más turbia -dijo Katulis-. El ahorro de costos no justifica el daño potencial a la supervisión de la seguridad nacional de Estados Unidos”