“Nadie nos va a detener”, el grito de miles de hondureños que escapan a pie hacia Estados Unidos

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La desesperación les da fuerzas y el miedo a lo desconocido palidece ante la violencia y la pobreza que dejan atrás. “Nadie nos va a detener. Si ya cruzamos un río en México y debimos hacer de todo para llegar hasta aquí, nada nos frenará”. La frase cae de los labios Aarón Juárez, de 21 años, uno de los 4.000 hondureños que marcha desde el viernes hacia Estados Unidos en busca de paz y trabajo.

Caminando con dificultad debido a llagas en sus pies, Aarón viajaba este domingo con su esposa y su bebé de meses. Acababan de dejar la frontera de Guatemala y México, a la altura de Ciudad Hidalgo, y se encaminaban a la ciudad de Tapachula, unos 40 kilómetros al norte.

“Venimos honradamente a trabajar al país que nos toque ya sea Estados Unidos o Canadá esa es la meta de nosotros”, afirmó Joaquín Juárez, que trabajaba como taxista en Honduras. “En el puente casi aplastan a mi bebé y por eso cada vez tenemos más coraje y más fuerzas para llegar hasta Estados Unidos”, agregó.

Los miles de migrantes hondureños, escapando de la pobreza y la violencia del narcotráfico que azotan a sus lugares de origen, retomaron este domingo su éxodo en masa hacia Estados Unidos, la meta final. Tras haber superado la frontera con Guatemala, la continuación del escape es un abierto desafio al presidente Donald Trump, quien amenazó con clausurar y militarizar la frontera de su país con México.

La enorme columna -formada por miles de mujeres con bebés y niños- ya había recorrido hasta anoche unos 700 kilómetros desde la hondureña San Pedro Sula, de donde partieron el 13 de octubre, hasta Ciudad Hidalgo, en el sureño estado mexicano de Chiapas. El recorrido total hasta Estados Unidos es de unos 3.800 kilómetros.

El hondureño Miguel Ángel Molin aseguró a los periodistas que éste era su tercer intento para llegar a la frontera de México con Estados Unidos en busca de una vida mejor que no tiene en su país. “Venimos honradamente a trabajar al país que nos toque ya sea Estados Unidos o Canadá esa es la meta de nosotros”, afirmó.

Todo el grupo era escoltado por policías locales mexicanos y era vigilado desde un helicóptero. La inmensa mayoría no lleva agua ni alimentos y dependen de las bolsas con líquidos, pan y artículos básicos que les entregan algunos lugareños en el trayecto.