A unas horas del nuevo terremoto que golpeó a México, la esperanza se concentra en uno de los lugares que se convirtió en símbolo de la tragedia, el Colegio Enrique Rebsamé, desde donde niños y maestros mandaron en el transcurso de la noche mensajes de texto desde los escombros.

Elementos de la Marina, el Ejército, expertos en rescate y voluntarios levantan escombros para rescatar a quienes aún están atrapados. El operativo se refuerza instante a instante, con la llegada de más rescatistas.

Para los vecinos de la colonia Oriental, Coapa, al sur de la capital, la noche fue larga, porque los trabajos y el rescate de niños y adultos no ha cesado.

“Toda la noche hemos estado aquí, y pues nada más se oyen los aplausos cuando sacan un niño”, dijo Emilio Fernández, uno de los vecinos.

Héctor Méndez Rosales, líder del grupo de rescatistas conocido como Los Topos, expertos en rescates, recalcó que “están trabajando muy bien las autoridades, la Marina, el Ejército; traen muy buen equipo”.

Los rescatistas y las autoridades en el lugar son muy cuidadosas con la información que dan a los medios de comunicación “por respeto” a los papás de los niños que faltan por rescatar.

La zona del colegio fue acordonada por las autoridades para evitar el paso de gente que entorpezca el rescate.

La salida de personas con escombros que cargan en botes es constante, también se ha pedido el apoyo de psicólogos y personal médico.

“Queremos que haya la menor (cantidad de) gente posible para que puedan entrar o salir los que traen los perros. Siguen llegando soldados porque sí hay mucho que hacer”, comentó uno de los rescatistas.

Cada determinado tiempo sale una persona a gritar los materiales que necesitan para seguir con el rescate, como cascos y lámparas. De aquí también salen voluntarios hacia otras zonas devastadas donde se necesita ayuda.