Algunos cientos de metros lo separaban del Aeropuerto Robertson de Connecticut. Eran las 11.24 del lunes y Manfred Forst, un piloto aficionado de 79 años, estaba pensando en lo que iba a almorzar con su esposa.

Sin embargo, el aterrizaje no salió como lo tenía planeado. Su Cessna 172 sufrió una falla y súbitamente perdió altitud.

Forst trató de estabilizarlo, pero no pudo. Cuando sobrevolaba un estacionamiento lindero al aeropuerto, se estrelló contra un árbol.

Podría haber sido fatal, pero tuvo suerte. Fue trasladado al Hospital Central de Connecticut con heridas menores, y le dieron el alta horas más tarde.

“Soy muy afortunado, no me pasó nada. Estoy muy agradecido”, comentó a NBC Connecticut.