Un bebé será desconectado del respirador que lo mantiene con vida por decisión de un juez y contra la voluntad de sus padres

159

Otra vez, un veredicto judicial establece en Gran Bretaña el límite entre la vida y la muerte y vuelve a dividir al país sobre el destino de un bebé. El año pasado, el caso del pequeño Charlie Gard conmocionó a británicos y a todo el mundo. Hoy es el destino de Isaiah Haastrup, alojado en el King’s College Hospital de Londres, el que mantiene en vilo a la población.

Es que en base a una decisión tomada hoy por la Corte Suprema el pequeño de 11 meses deberá ser desconectado del respirador artificial. El juez MacDonald estableció que no es “del mejor interés” del niño dejarlo conectado a las máquinas de ventilación artificial que le permiten sobrevivir. Su postura coincide con la de los médicos, que recurrieron a la justicia ante la negativa de sus padres.

El pequeño tuvo un nacimiento crítico que le causó graves daños cerebrales que neutralizaron sus facultades motrices y lo obligan a vivir conectado a un respirador artificial. Su lucha recuerda la de Connie y Chris Gard, los padres de Charlie, quienes durante meses se involucraron en una batalla legal que finalmente perdieron y la vida del niño se apagó el 28 de julio de 2017, en el hospital pediátrico Great Ormond Street, a pocos días de cumplir un año.

Un final tal vez inevitable, que parece acercarse ahora para Isaiah Haastrup. El papá del bebé no se resigna y asegura que hablará con sus abogados “antes de decir qué se hará”. Sin embargo, Fiona Paterson, representante legal del hospital, habla de elementos “abrumadores” a favor de la interrupción del tratamiento, incluso afirmando que el personal del King’s College comprende “como nadie el dolor y el sufrimiento de los padres”.

Por su parte, el juez, tras haber elogiado “el coraje” de Takesha y Lanre, ratificó su postura. Aseguró que examinó el caso “para el mejor interés de Isaiah” y que está convencido, si bien “con profunda tristeza”, que no hay motivos para seguir adelante. El caso, como el de Charlie, se ubica en una sutil línea divisoria entre ética, derecho y sentimientos: Isaiah, admitieron los médicos que atendieron al pequeño desde que nació, tiene un cierto nivel de conciencia, “si bien es muy bajo” pero “no responde a los estímulos”.

“Mi opinión es que su condición no puede mejorar”, dijo tajante uno de los especialistas que brindó testimonio ante el juez. Esas palabras no tienen sentido para la madre del niño. “Cuando le hablo -dijo Takesha entre lágrimas- responde, lentamente, abriendo un ojo. Sé que es un niño que sufrió daño, pero necesita amor y atención y puedo dárselas”.

Sus conclusiones, inevitablemente, no están en línea con el pragmatismo de los médicos o con el martillo de la ley. “Decir que está en condiciones muy graves como para tener derecho a vivir no es justo. No les corresponde a ellos decidirlo”, concluyó.