A medida que el Estado Islámico retrocede –la caída de Mosul es inminente y Raqqa está bajo asedio- se van conociendo más detalles sobre la forma de proceder del grupo y sus estrategias recaudatorias. Una de ellas es la venta de esclavos, fundamentalmente niños y mujeres, de los que normalmente abusan y después venden al mejor postor. Sus historias no dejan indiferente.

La toma de Mosul por parte del Daesh en 2014 dejó miles de desplazados, especialmente entre la población yazidi (kurdos, que no profesan el Islam). El grupo terrorista secuestró a miles de personas –hasta 6.470 niños cuando atacó Sinjar- y su destino ha sido diverso. Por un lado, hay familias iraquíes que no podían tener hijos y que han pagado mucho dinero al ISIS –hasta 500 dólares- para comprar a alguno de los niños que habían sido esclavizados.

Han recibido buen trato de sus padres adoptivos, pero les han obligado a cambiar su educación completamente y abrazar el Islam. Se da la circunstancia de que al haber sido secuestrados tan jóvenes –menores de 5 años-, muchos no recuerdan a sus padres biológicos y cuando han sido rescatados se sentían confusos y desubicados, tal y como cuenta Middle East Eye, que recuerda el caso del pequeño Ayman, que tras pasar 18 meses con una familia iraquí, ya no hablaba kurdo sino árabe y despertaba a la familia en mitad de la noche para rezar.

Otros tienen menos suerte aún y son obligados a convertirse en esclavos de la casa, como Akram, que recibió un disparo en 2014 que le ha dejado secuelas y que fue vendido por el ISIS por apenas 60 dólares a una familia en la que su misión era realizar todas las tareas domésticas. Finalmente, tras pagar a un contrabandista, su familia real pudo rescatarle, pero el pequeño de 9 años no ha vuelto a ser el mismo y rehúsa hablar de su experiencia.

Una gran mayoría de los niños, especialmente las niñas, han sufrido abusos sexuales, malos tratos y desnutrición a manos de sus compradores y todavía hay un velo de silencio por parte de los más pequeños, que han sufrido experiencias tan traumáticas que se niegan a contarlas.

Una mujer refugiada yazidi en un campamento de refugiados (Reuters).

Finalmente también están los militantes del Daesh solteros que deciden comprar familias enteras. Muchos hombres yazidi han sido asesinados en el conflicto y lo que hacen los terroristas es comprar a la mujer y a los hijos y obligarles a que le consideren como el marido y el padre legítimo. Y no se puede olvidar que hay niños que reciben un cuidadoso entrenamiento para terminar convirtiéndose en terroristas del grupo.

Un destino cruel para personas muy jóvenes que a esas edades deberían simplemente estar en la escuela y jugando y no sufriendo unas penalidades que no van a olvidar nunca.