Las realidades sobre los beneficios del café

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Una avalancha de estudios recientes ha comenzando a inclinar la balanza del café, adjudicándole grandes beneficios para la salud. El último hace tan solo unos meses, en el cual se afirma que mejora el sistema inmune.

Es una tendencia tan obvia que hasta el Ejército de Estados Unidos ha financiado estudios sobre el café que se han plasmado en varias publicaciones científicas y un intento por desarrollar una aplicación que optimice la cantidad y las horas del día para recurrir a la cafeína. La vuelta a la tortilla.

En los dos últimos años se han sucedido los ensayos clínicos que relacionan su consumo, incluso cuando este supera las ocho tazas al día, con una potencial reducción de todas las causas de muerte, según el estudio liderado por la Dr. Erika Lottfield y publicado en la revista ‘JAMA’ -Journal of the American Medical Association-. Incluía a las cardiovasculares, que antes estaban precisamente en el punto de mira como posible causa de su abuso. Cada nuevo estudio que se publica refuerza la idea de que es muy saludable y, sobre todo, que las dosis altas no son perjudiciales, echando por tierra la anterior percepción que existía en la comunidad médica. También se aseguró en la revista científica ‘The Lancet’ que podría proteger de al menos dos tipos de cáncer.

La mejor publicidad para productores

No hay ninguna evidencia de que los estudios estén comprometidos, pero son tan positivos que han hecho realidad el sueño de productores, fabricantes y distribuidores de café: ni pagando tendrían mejor publicidad. Médicos, investigadores y experimentos científicos les avalan. No se puede pedir más. Sin embargo, hay matices que es necesario puntualizar. A pesar de que las últimas investigaciones arrojan resultados positivos, tal y como ha informado Alimente, la realidad es que hay una primera asociación que hay que tener en cuenta: el café no es equivalente a la cafeína. Las semillas de la planta Coffea arabica, de las que se extrae el café, contienen muchas más substancias.

Es más, la mayoría de los beneficios que se atribuyen a la popular bebida podrían derivarse, tal y como apunta en un artículo del ‘BMJ’ -British Medical Journal- Anne Gulland, de los antioxidantes que contienen y no solo del alcaloide de la familia de las xantinas, que es el responsable de que nos despejemos por la mañana o a media tarde. Está por demostrar su papel y esa es otra de las claves: no se sabe con solvencia cuáles de los componentes son más interesantes desde el punto de vista de la salud. Podría resultar que el producto descafeinado fuera mejor aún que el café puro.

Ansiógeno con dependencia y tolerancia

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El psiquiatra Manuel Faraco aclara a Alimente que como droga psicoactiva del sistema nervioso central, la cafeína es básicamente un ansiógeno, es decir, potencia la ansiedad y el nerviosismo. Causa también dependencia, que se define de forma simplificada cuando se juntan dos factores, según Faraco: el aumento de la tolerancia del individuo con el consumo y el síndrome de abstinencia si se retira bruscamente, aunque su nivel no sea comparable a otras drogas legales cuando se abusa de ellas, como son los casos de la nicotina, el alcohol o los ansiolíticos.

Mucho menos aún si se compara con sustancias ilegales que actúan poderosamente en los receptores neuronales de dopamina del cerebro directamente sobre la recompensa y el placer, como puedan ser la cocaína o la heroína. “La abstinencia de la cafeína es obviamente en comparación muchísimo menor, pero es un disruptor del sueño evidente que, sin embargo, no afecta igual a todas las personas”. Aún así, el debate sobre el papel de la cafeína en la fatiga y el insomnio ha desaparecido prácticamente de la escena científica, mientras que estudios de hace una década o más se centraban en cambio precisamente en su aspecto como estimulante y en sus efectos nocivos como la arritmia.

Además, los nuevos hallazgos han encontrado una relación entre el consumo del café y los beneficios de este, pero no su acción concreta, ni los mecanismos por los cuales es beneficioso. Es decir, se ha demostrado que tiene incidencia, pero no la razón: están aún a ciegas. Hay estudios observacionales -menos valiosos-. Y otros con grupo de control o doble ciego a lo largo de los años sobre una muestra amplia de edades y sexos que revelan más información que los otros.

La reinvención del debate

En cualquier caso, ninguno establece las causas exactas por las cuales el café -no la cafeína en sí misma- acaba produciendo efectos positivos en el organismo. El especialista Robert Poole, que lideró el equipo de la investigación ‘Coffee consumption and health: umbrella review of meta-analyses of multiple health outcomes’, publicada en enero de este año en la revista ‘BMJ’ -British Medical Journal-, apuntaba lo siguiente: “No estamos seguros todavía por qué existe una asociación entre beber café y los beneficios para la salud. El café tostado es una mezcla de más de 1.000 compuestos bioactivos, algunos de los cuales tienen potencial como antioxidantes terapéuticos, antiinflamatorios , antifibrilares o incluso anticancerígenos”.

Las sustancias clave incluyen la cafeína, los ácidos clorogénicos el cafestol y kahweol, pero advertía que “nadie debería comenzar a beber café como forma de prevenir enfermedades, aunque los que ya lo hacen de forma moderada no parece probable que vayan a tener complicaciones, exceptuando a las mujeres embarazadas y las mujeres mayores que tienen un pequeño riesgo de potenciar las fracturas óseas”.

Poole se refería en este último comentario a los estudios que establecieron una correlación entre la osteoporosis en la tercera edad, especialmente en mujeres, y el consumo de café. Un aspecto que parece haber quedado enterrado con los nuevos ensayos epidemiológicos. Además, la mayoría de estos nuevos estudios son incapaces de determinar la cantidad exacta de café, ya que varía mucho dependiendo del tipo, de la preparación y la cantidad.

El problema de la dosis

En el caso del estudio de Poole, se basaba, según sus propias reflexiones, en los resultados saludables, pero no estrictamente en los efectos fisiológicos. Hay tablas indicativas de la cantidad de cafeína que pueden contener ciertos tipos de preparaciones, tal y como muestra Alimente, pero es difícil establecer una ‘receta’ estándar de los compuestos implicados dependiendo del tipo de café que se ingiera: expresso, americano, infusiones, etc. En un editorial de la revista ‘BMJ’ que publicó el profesor de epidemiología y medicina Eliseo Guallar, incidía en las precauciones a la hora de tener en cuenta los nuevos datos: “¿Deberían los médicos recomendar café para prevenir enfermedades? ¿Debería la gente comenzar a consumirlo como parte de una alimentación sana? La respuesta a ambas pregustas es negativa. Existen evidencias lo suficientemente sólidas y consistentes en las últimas investigaciones de sus beneficios, pero también dudas y excepciones”.

El consumo moderado de café, que no debe exceder los 400 mg de cafeína al día, según el consenso general, puede provocar también complicaciones perfectamente descritas en la literatura médica, como son los ya mencionados problemas intestinales, la diarrea, el insomnio e incluso las taquicardias cuando se excede una cantidad determinada, según los casos individuales. No es tampoco un complemento esencial para la dieta ni para la salud. Las próximas investigaciones intentarán determinar cuáles son los mecanismos de acción concretos y las relaciones directas de causa y efecto del consumo de café y sus más de 1.000 compuestos que producen determinados beneficios para la salud. De momento, se puede afirmar que tiene efectos menos negativos de los que se le achacaban en el pasado, que su consumo es seguro y que hay datos que avalan sus beneficios, pero estamos lejos aún de comprender todas sus implicaciones.