El hacker que convierte un coche en autónomo por 24 dólares al mes

A la edad en que la mayoría de chicos y chicas están pensando en un remedio eficaz contra el acné y se preocupan por conocer el último grupo de moda para no perder comba en la conversación con los amigos, George Hotz se convirtió en una celebridad mundial. En 2007, con sólo 17, años Geohot (el nick por el que es conocido en la comunidad hacker), creo un software que permitía desbloquear por primera vez el iPhone. El sueño de entornos cerrados de Apple echado a perder por un mocoso de instituto. La repercusión obtenida con su logro, anunciada primero a través de su blog y luego difundida por los grandes medios, le supo a gloria. Así que tan sólo un par de años después de aquella hazaña, Hotz continuó con su plan de ser la pesadilla adolescente de las grandes multinacionales de la tecnología, hackeando la PlayStation 3. A Sony no le hizo mucha gracia la broma y terminó demandándole ante los tribunales. La respuesta Hotz estuvo guiada por la inconsciencia y rebeldía que otorga la juventud: dedicó un rap a la compañía que subió a su cuenta de YouTube retando al juez para que lo utilizara como prueba en el juicio. La canción todavía puede encontrarse fácilmente y merece la pena echarle un ojo para ver cómo se las gastaba aquel muchacho. Finalmente Sony y Hotz llegaron a un acuerdo con la condición de que el hacker se comprometiera a no volver a crackear ningún dispositivo de la multinacional.

Con 27 años y después de haber pasado por Facebook y Google, George Hotz asegura que está preparado para volver a sorprender al mundo. Y esta vez quiere hacerlo desde uno de los mercados con más futuro a corto plazo: el de los coches autónomos. Tal vez por seguir con esa imagen icónica del emprendedor tecnológico, Hotz trabaja en el garaje de su casa. Una escena que remite a las fotografías en blanco y negro de tipos con barba y gafas -Bill Gates y Paul Allen o Steve Jobs y Steve Wozniak- pero en versión siglo XXI. Sus aspiraciones también emulan las de tan ilustres predecesores.

Como no podía ser de otra manera, Hotz más que esperar a que le invitaran a la fiesta de los vehículos sin conductor, se ha colado por la puerta de atrás. Y lo ha hecho, además, retando a los mayores. En un vídeo dirigido a Elon Musk, creador de Tesla (cuyos coches incorporan la tecnología más avanzada), Hotz le mostraba su admiración de una forma peculiar: “Elon, respeto mucho lo que haces. Tus cohetes son increíbles, tus coches son increíbles. Si un día quieres comprar nuestro software, estaré encantado de vendértelo”. Más allá de una polémica que tiene pinta de estrategia de marketing (y que Musk alimentó calificando con cierto desdén el proyecto de Hotz tras un artículo publicado por Bloomberg), el joven quiso matizar después en Forbes sus palabras asegurando que “si Tesla es el iOS de los coches autónomos, nosotros queremos ser el Android”. Puro espíritu hacker.

George Hotz asegura que su compañía, Comma.ai estará en disposición de comercializar pronto su sistema de conducción autónoma. Ya ha hecho pruebas en las que se aprecia su funcionamiento y más de 700 conductores recogen datos de la zona por donde comenzará a circular el vehículo para mejorar los algoritmos. El kit, de momento, únicamente funcionará con algunos modelos de Honda y Acura, puesto que aprovecha sistemas ya instalados en los coches. Lo más sorprendente es el precio de todo el invento: 1.000 dólares por el hardware y una suscripción mensual de 24 dólares para las actualizaciones del software. La apuesta es mayúscula, pero a Hotz no parece asustarle la competencia: “nosotros somos la compañía que vamos a diseñar el mejor software de conducción autónoma y después se lo venderemos a los fabricantes de coches”. Puede que sea una fanfarronada, pero tal vez sea cierto y estemos ante otro visionario que cambiará el mundo desde su garaje.

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