Hasta que llegue ese momento soñado en el que digamos «Kit, te necesito» y aparezca el coche fantástico, nos tendremos que conformar con los avances en la automatización de vehículos. Que, por otra parte, ya parecen propios de una película futurista. PAPEL me envió a la plantación de caña de azúcar de Santa Terezinha en Maringá, al suroeste de Brasil, para comprobar la puesta en marcha del primer camión autónomo de Latinoamérica, fabricado por Volvo Trucks.

Desde la lejanía, con una panorámica de brotes de caña hasta donde alcanza el horizonte, un camión avanza en paralelo a una cosechadora. A primera vista no hay diferencia con los demás vehículos que circulan por las 25.000 hectáreas de tierra roja de la plantación, pero según se va a acercando podemos ver cómo el conductor levanta los brazos y ejecuta un baile que ni Carlinhos Brown en el sambódromo de Río.

Al subir a la cabina, lo que más llama la atención es una tableta situada a la derecha del panel frontal, en la que se indica la velocidad (una media de entre 5 y 10 kilómetros por hora) y una línea verde que marca la dirección que sigue el camión. Leonardo, de 24 años, gira bruscamente el volante y lo suelta. Contengo la respiración medio segundo como acto reflejo hasta que el volante gira por sí solo para volver a la ruta indicada. Según me cuenta Leonardo, le bastó media hora para aprender los detalles del revolucionario sistema.

Parece magia pero es alta tecnología: se carga el mapa con las líneas de la cosechadora en la tablet y dos antenas GPS, varios sensores de inercia para el movimiento relativo, el sistema BDS (el del célebre anuncio de Van Damme), acelerómetros y giroscopios se encargan de que el camión se mantenga en paralelo a la cosechadora. La idea detrás de este prototipo es mejorar las condiciones de una explotación que cada año pierde cerca de un 10% de su productividad por el error humano de los conductores, que tienen un exiguo margen de 30 centímetros para no pasar con las ruedas por encima de los pequeños brotes de caña que crecen sobre los ya cosechados. «La compactación del suelo es ahora mismo el efecto más adverso para la plantación, porque inhibe el crecimiento de los brotes. Es peor que los problemas causados por el clima o las plagas», explica Paulo Meneguetti, Director Financiero del Grupo Usaçucar, uno de los mayores productores de azúcar y etanol de Brasil.

El camión autónomo consigue reducir ese margen a 2,5 cm, una cifra sorprendente teniendo en cuenta el peso del vehículo y las irregularidades del terreno. «No se trata de reemplazar, sino de asistir al conductor, y eso va a ser así durante muchos años», advierte Hayder Wokil, Director de Automatización de Volvo Trucks. «Tenemos algunos proyectos, como el FMX, que sí permiten la ausencia de alguien detrás del volante, pero tiene todo el sentido».

El ingeniero de origen iraquí se refiere a otro de los proyectos estrella de su compañía, puesto en marcha el año pasado en una mina de Kristineberg, en Suecia. «Yo he estado ahí, a 1.300 metros de profundidad. No es un lugar de trabajo apropiado para un conductor y ahí es donde tiene su lógica utilizar un vehículo completamente autónomo. Nuestra idea tiene que ver con aumentar la productividad y mejorar el entorno de trabajo, no con sustituir el factor humano», insiste Wokil.

Los planes de Volvo también confían en avances como el camión de residuos que «aprende» la ruta para pararse al lado de los contendores y frena automáticamente si percibe algún obstáculo en su entorno. La otra gran apuesta es el platooning, un sistema diseñado para el transporte por carretera: grupos de camiones que viajan en caravana, de forma automática y segura, a poca distancia entre sí. El camión que va en cabeza actúa como líder y los vehículos que le siguen ajustan la dirección y la velocidad de manera automática.

«Creo que tenemos un gran potencial con los camiones autónomos, como estamos viendo aquí, por las plusvalías que pueden ofrecer en casos concretos», explica Wilson Lirmann, presidente de Volvo Latinoamérica. Lo del coche fantástico me da vergüenza preguntárselo, pero tengo la sensación de que sólo es cuestión de tiempo.

 

FuenteAgencias
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