El Chapo no aguanta el encierro en México

El funcionario mexicano que se ocupa de que El Chapo no vuelva a escaparse es Renato Sales. El comisionado Nacional de Seguridad, poeta y jugador de ajedrez, aseguró esta semana que no se están violando sus derechos, como viene denunciado la madre de dos de sus hijos, Emma Coronel. Sales justificó el estrecho marcaje y la vigilancia durante las 24 horas que realizan los carceleros sobre un preso que se ha fugado en dos ocasiones, la última de esta misma prisión en la que está recluido. “Por sentido común está sujeto a medidas especiales”, argumentó.

Tras ser detenido el 8 de enero en Los Mochis, Sinaloa, después de un periodo de seis meses de evasión que aprovechó para dar una entrevista al actor Sean Peann o conocer en persona a la actriz Kate del Castillo, el narcotraficante ingresó otra vez al Altiplano. Allí le esperaba un régimen férreo. Cámaras de seguridad, sensores térmicos a cada paso que da, perros que prueban su comida y guardias que a su vez son vigilados por otros guardias. Un Gran Hermano que, en teoría, le imposibilita escuchar narcocorridos en la radio, tener un iPad o esperar pacientemente durante meses a que su gente construya un túnel, toda una obra de alta ingeniería, por el que huya subido a una moto que camina por raíles, como ocurrió la otra vez. Esta vez parece no haber posibilidades de fuga.

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El enclaustramiento ha alarmado a los suyos. Emma Coronel sostiene que en la celda no tiene privacidad para ir al baño y que los vigilantes le despiertan cada poco tiempo, lo que según ella podría provocarle un infarto. Además, cree que existe un complot para asesinarle. El abogado dice estar preparado para iniciar la negociación con Estados Unidos, aunque muestra reticencias: “Evidentemente tendríamos que llegar a un buen acuerdo. No llevarlo de Guatemala a Guatepeor”.

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