La campaña anónima contra el Papa que llena las calles de Roma

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Normalmente una figura pública que ostenta un cargo notorio suele estar en el ojo del huracán y sus actuaciones sujetas a críticas. Sin embargo, en el caso de los Papas este hecho no es frecuente. Son personas muy respetadas a las que no se las suele atacar directamente. Y mucho menos en Roma, donde los pontífices son tratados con reverencia y veneración. Por eso han sorprendido tanto los carteles que han aparecido en la capital italiana en los que se cuestiona la figura de Francisco.

Desde hace unas semanas la ciudad tiene posters en los que se ve al Santo Padre con rostro serio y sombrío y bajo su cara una serie de quejas como que ha ignorado las preocupaciones de los cardenales, ha acabado con los Caballeros de Malta o ha expulsado a clérigos. Las autoridades italianas rápidamente ordenaron cubrirlos y solo quedó la imagen junto con un rótulo que decía ‘publicación ilegal’.

Paralelamente a la publicación de estas proclamas, una serie de cardenales recibieron un correo electrónico con una portada falsa de L’ Osservatore Romano, el periódico oficial del Vaticano. La publicación parecía la de siempre: con su eslogan, con su escudo de armas… pero observando con detalle el texto se veía la burla. Se veían una serie de preguntas enviadas al Papa por un grupo de cardenales conservadores y el titular rezaba ‘Ha respondido’. Sin embargo, cada una de las preguntas tenía como respuesta ‘Sí y no’. Una muestra de que el pontífice no tiene las simpatías de todos los católicos.

Nadie sabe quién está detrás de estos dos hechos, que podrían parecer aislados si hubiesen ocurrido con más margen de tiempo. Durante su papado, Francisco se ha enfrentado a algunas controversias y a algunos de los sectores más tradicionales del catolicismo no les han gustado la posibilidad de que los divorciados puedan recibir comunión o los mensajes de cercanía hacia los refugiados. De hecho, una de las posibilidades que se contemplan es que los carteles sean obra de un grupo de derecha contrario a la inmigración.

El miedo al que se enfrenta ahora la Santa Sede es que lo que se está consiguiendo por un lado –atraer a la Iglesia católica a gente que hasta ahora era más despegada- se pierda por el otro –enfadando a los sectores más tradicionales-. Está en manos de Francisco impedir que esto ocurra.

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