En los próximos 15 años tendremos evidencia de vida fuera de la Tierra, anuncia científico

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Dimitar Sasselov es un enamorado de su trabajo. Catedrático de Astronomía en la Universidad de Harvard, es uno de los principales investigadores de la misión Kepler, el telescopio espacial dedicado en exclusiva a la búsqueda de planetas más allá del Sistema Solar.

Hasta el momento, se han identificado ya cerca de 4.000 exoplanetas, y 30 de ellos han resultado ser similares a la Tierra. Al frente de la iniciativa «Orígenes de la vida», Sasselov trata, además, de determinar qué es lo que tenemos que buscar exactamente para encontrar vida fuera de nuestro mundo, y se sobrecoge ante la idea de que podamos tener frente a nosotros una forma de vida y no sepamos reconocerla. Durante una breve estancia en Madrid, donde ha pronunciado la conferencia «Otras tierras y el origen de la vida», en la Fundación BBVA, Sasselov ha concedido una entrevista a ABC.

 

– ¿Cuándo piensa usted que podremos encontrar vida fuera de la Tierra?

Por primera vez en la historia de la Humanidad, hay equipos enteros de científicos dedicados a esa búsqueda. Se está haciendo un esfuerzo muy serio, y está planificado para dar fruto en un plazo de entre cinco y quince años.

– ¿Cree que la encontraremos antes dentro o fuera del Sistema Solar?

Espero que tanto dentro como fuera. Apoyo la búsqueda tanto dentro de nuestro sistema de planetas como más allá, aunque personalmente concentro mis esfuerzos en la búsqueda de vida en exoplanetas, muy lejos de nosotros. Creo que las posibilidades de tener éxito son mayores en los exoplanetas.

 

– Sin embargo, el hallazgo de océanos subterráneos en varias lunas heladas de Júpiter y Saturno ha sido una gran sorpresa…

Sí, una enorme y grata sorpresa. Y espero que podamos estudiar esas lunas muy pronto, y traer muestras aquí, a la Tierra.

 

– Esos hallazgos, además, están sirviendo para afinar los instrumentos y saber qué buscar «ahí fuera»…

Exactamente, ese es el enfoque con el que trabajamos ahora. Por un lado, diseñar los experimentos que deberán ir allí a tomar muestras, y por otro recalibrar, a la luz de los nuevos hallazgos, los sensores remotos que usaremos para buscar vida en mundos lejanos. Al mismo tiempo, además, trabajamos en laboratorios para crear modelos químicos viables que nos ayuden a comprender los datos que recojamos.

 

-¿Podríamos no comprender esos datos? Es decir, ¿encontrar vida y no saber identificarla?

Esa es la gran pregunta. Hace diez años, cuando comenzamos los trabajos de laboratorio en el «Life Institute», esa era la cuestión principal. ¿Cómo exactamente podemos reconocer la vida que encontremos en otro planeta? Una vida que ha surgido de forma independiente a la de la Tierra… Hay diferentes opciones. Por un lado, la química podría ser universal, del mismo modo en que la gravedad es igual en cualquier parte del Universo. Pero también podríamos encontrarnos con químicas diferentes, y por eso, para averiguarlo, para definir como podrían ser esas químicas diferentes, el trabajo de laboratorio resulta tan importante.

 

– Sería irónico tener una forma de vida delante y no reconocerla como tal…

Naturalmente. Y muy posiblemente nos encontremos con formas de vida que no reconozcamos como tales. Esa es nuestra mayor preocupación, estar buscando algo que no seamos capaces de ver, aunque lo tengamos justo enfrente de nosotros. Sería una gran tragedia y una oportunidad perdida para la Ciencia.

 

– En su proyecto «Origen de la vida», en la Universidad de Harvard, lo que intentan es precisamente evitar que algo así suceda, no es cierto?

Lo que intentamos hacer es crear una química que se comporte como un sistema vivo, con reacciones químicas y ciclos similares a los que hacen que una célula viva funcione en la Naturaleza.

 

– Reacciones químicas y ciclos que podrían estar dándose en otros planetas…

Sí. Y eso es algo que jamás se había hecho hasta ahora. Una vez que tengamos el sistema químico funcionando, lo siguiente será tratar de aplicarlo a diferentes entornos, a diferentes planetas. Todavía no tenemos un sistema así, no disponemos aún de un sistema químico como el que le he descrito, pero estamos a punto de conseguir uno que funcione.

 

– ¿Qué significa exactamente «a punto»?

Un par de años, quizá tres… Usamos los mismos bloques básicos de la vida que tenemos en la Tierra, las mismas estructuras de proteínas y sistemas de información genética, lípidos… tratamos de imitar la forma de funcionar de la vida terrestre.

 

– Pero eso es buscar el origen de la vida…

Exactamente. Buscamos el origen de la vida. Son dos preguntas que parecen diferentes, pero que están relacionadas. Si hay vida, cómo surgió. Y si surgió aquí, como pudo surgir también en otros mundos.

 

– ¿Han intentado construir esa química basándose en elementos diferentes al carbono?

Lo hemos intentado con diferentes estructuras de ARN, pero siempre basadas en la química del carbono. Y hasta ahora, los bloques de construcción que observamos en la vida terrestre son los que mejor se comportan. Es un punto muy interesante. Si conseguimos alguna prueba clara que demuestre que las moléculas que construyeron la vida en la Tierra son las más duraderas y las mejores desde un punto de vista funcional, habremos dado un gran paso adelante. Mis colegas creen que están muy cerca de lograr un sistema químico funcional de ese tipo. Como le digo, en un plazo de dos o tres años. Y una vez que tengamos un sistema basado en el carbono y que funcione, como sucede en nuestro planeta, podremos tratar de construir otros sistemas.

 

– Se han encontrado moléculas orgánicas y agua por todo el Universo. ¿Podría esto significar que la vida está por todas partes?

Personalmente, como astrónomo, soy optimista a este respecto, y creo que la vida ha surgido en múltiples lugares del Universo, que no es un fenómeno único del planeta Tierra. Una prueba de ello es que los bloques básicos de los que se compone la vida, los ladrillos de los que está hecha, se encuentran por todas partes en el Universo. Y otra razón para mi optimismo es que ahora sabemos que hay muchos planetas similares a la Tierra, tanto en nuestra galaxia como en el resto del Universo. De hecho, muchos más de los que esperábamos hace tan solo unos años. Esto significa que tanto los bloques de construcción como las condiciones ambientales se repiten, y son favorables para la vida. El agua, por ejemplo, está por todas partes, es una de las moléculas más comunes del Universo. Por eso me siento optimista.

 

– Hasta ahora se han descubierto ya cerca de 4.000 planetas alrededor de otras estrellas. ¿Cuál de ellos se parece más a nuestro mundo?

Hay muchos planetas rocosos que consideramos semejantes a la Tierra y que son buenos objetivos para nuestros estudios. Por ahora, el que más se parece al nuestro es Kepler 452b. Tiene un tamaño semejante, una órbita casi exactamente igual a la de la Tierra, de 385 días en vez de 365; está en la zona habitable de su estrella, que además es muy similar al Sol, por lo que las temperaturas deben ser muy similares a las nuestras. Sin embargo, está muy lejos de aquí, a unos 1.400 años luz de distancia, y es muy difícil para nosotros estudiarlo en detalle. Por eso hemos empezado a prestar atención a estrellas más cercanas, que son diferentes al Sol pero que también albergan planetas. Es el caso de Próxima b, a 4,2 años luz, o de los planetas de Trappist, a solo 40 años luz de aquí. Son mundos con un tamaño similar al nuestro, y en vista de la distancia a sus estrellas, deberían tener también un clima semejante al nuestro. La gran diferencia es que sus estrellas, enanas rojas, son más pequeñas y frías que nuestro Sol, y se comportan de forma diferente. Por eso, nuestra esperanza es que la vida, tal y como la conocemos, pueda haber surgido también en estos planetas, que son una diana inmejorable para nuestra investigación.

 

– Las capacidades de la nueva generación de telescopios, como el James Webb, permitirá además estudiar las atmósferas de planetas lejanos…

Sí… Hace solo veinte años que empezamos a descubrir y estudiar exoplanetas, y hace apenas dos o tres años que estamos seguros de que hay planetas tipo Tierra, y que además son muy comunes. Y todo eso utilizando telescopios construidos hace treinta años y que, obviamente, no están hechos para este tipo de estudios. Por eso, la nueva generación de telescopios lo hará mucho mejor. Estudiar las atmósferas es algo que nos dará respuestas muy importantes, aunque hay ciertas limitaciones a la hora de utilizar sensores remotos. La forma de resolver el problema es tener muchas muestras, cientos, o miles de planetas diferentes para estudiar, y observar el panorama general, con mundos que tienen agua, o que tienen atmósferas similares a las de la Tierra, o que contienen gases inusuales… y ver dónde, en cuales de ellos hay vida. De esta forma, podremos convencernos, y convencer a la opinión pública, de que hemos descubierto vida fuera de la Tierra.

 

– Kepler y otras misiones actuales solo buscan planetas en las zonas habitables de las estrellas, la distancia a la que es posible la existencia de agua líquida. Pero hemos aprendido en las lunas de Júpiter y Saturno que puede haber agua incluso muy lejos de esas zonas. ¿Cambiará este conocimiento la forma de buscar vida en otros mundos?

Hace poco escribí un artículo en el que sostenía que muy pronto habrá que retirar el concepto de «zona habitable», o por lo menos modificarlo sustancialmente. Hasta ahora ha sido muy útil y práctico tener una «zona habitable», y diseñar nuestros instrumentos para buscar vida allí. Ha sido un buen punto de partida. Pero ahora empezamos a necesitar algo diferente, un nuevo concepto que englobe también a los mundos que, lejos de las zonas habitables de sus estrellas, pueden albergar vida. Por eso, hemos decidido hablar de «planetas habitables», o «potencialmente habitables», estén en la zona que estén. Los instrumentos actuales siguen estando calibrados para buscar planetas en las zonas habitables, y dado que la propia Tierra está en la zona habitable del Sol, no es un mal punto de partida para encontrar planetas como el nuestro. O que se parezcan lo más posible. Podemos encontrar, por ejemplo, que todos tienen atmósferas similares, o quizá todo lo contrario, que cada atmósfera tiene sus propias características, a pesar de ser similares a la nuestra. Solo cuando sepamos eso, y tengamos estadísticas, podremos dar el siguiente paso.

 

– ¿Qué se necesita exactamente para poder decir que hemos encontrado vida fuera de la Tierra?

Esa es la pregunta del millón de dólares. Y la solución tiene dos partes. La primera, la más sencilla, es una simple cuestión de ingeniería. ¿Cómo son de fiables los datos que podemos obtener de un exoplaneta a partir de un sensor a distancia? La respuesta es que la nueva generación de telescopios facilitará datos muy precisos. Es decir, eso vamos a tenerlo, lo vamos a lograr. Los datos serán buenos. La segunda parte del reto es mucho más complicada: ¿Cómo debemos entender lo que estamos viendo? Y eso requiere una comprensión, un conocimiento de base, previo, que aún no tenemos, de lo que es la vida y en el que tendremos que trabajar en nuestros laboratorios a partir de muchos datos diferentes, quizás de cientos de exoplanetas, para compararlos y poder decir si encajan o no con lo que sabemos. Es decir, hay que poner a trabajar juntos a los laboratorios de química y a la astronomía. Solo así podremos decir, sin miedo a equivocarnos, que hemos encontrado vida.

 

– ¿Y cuándo conseguiremos eso?

Creo que entre los próximos cinco y quince años tendremos evidencias de vida fuera de la Tierra, aunque llevará más tiempo estar seguros de ello al cien por cien. De todos modos, será algo que podremos ver en esta misma generación.

 

– Cuando hablamos de buscar vida extraterrestre, nos referimos siempre a bacterias y microorganismos. ¿Es quizá eso más fácil que encontrar, por ejemplo, formas de vida más complejas, como animales, o incluso seres inteligentes?

En esto es importante ser prácticos. Solo tenemos un ejemplo de vida en todo el Universo, que es la vida en la Tierra. Y si estudiamos cómo ha sido esa vida, desde que surgió hace unos 4.000 millones de años hasta ahora, veremos que durante la mayor parte del tiempo en nuestro planeta solo ha habido microorganismos. Hubo que esperar miles de millones de años para que comenzaran a surgir formas de vida más complejas, y los cambios necesarios en el planeta para que eso sucediera no habrían sido posibles sin los microbios. Ellos, los microbios, son lo que diferencia a un planeta vivo de otro muerto, los que controlan, han controlado y siguen controlando la vida en nuestro planeta. Por eso, si quieres encontrar vida en otro planeta, ya sea dentro o fuera del Sistema Solar, busca microorganismos. Primero los microbios, y luego todo lo demás.

 

– ¿ Y qué hay de la búsqueda de señales inteligentes?

Durante la última pequeña parte de la historia de la vida en nuestro planeta, hemos estado emitiendo toda una serie de señales, de radio, TV, etc, que salen al espacio y viajan a través de él. Por eso, merece la pena buscar esas mismas señales en otros lugares de la galaxia. Es difícil y arriesgado, y con pocas probabilidades de éxito, aunque esas probabilidades no son cero. Yo estoy a favor de la búsqueda de esas señales, pero desde el punto de vista práctico, es mucho más sencillo buscar microbios. Por eso, yo busco microbios.

 

– ¿En qué trabaja actualmente?

En estos momentos mi trabajo es tratar de prepararnos para la recepción de los primeros datos espectroscópicos de exoplanetas, que empezarán a llegar con la nueva generación de telescopios. Tenemos que saber cómo buscar la firma de las diferentes moléculas que nos interesan. En primer lugar gases, como el nitrógeno o el CO2, o agua, o moléculas que pueden ser producidas por la vida, como el oxígeno o el metano. Es decir, debemos distinguir entre lo que son moléculas astrofísicas, fabricadas por las estrellas, y moléculas producidas por formas de vida, que cambian la química original de las atmósferas y los planetas. En pocas palabras, mi trabajo actual consiste en poner las bases para poder aprovechar toda la nueva información que los nuevos instrumentos nos van a aportar.

 

– Es decir, que la búsqueda de vida extraterrestre está a punto de entrar en una nueva fase…

En efecto, así es. A partir de la actual misión Kepler, la búsqueda de vida se desarrollará en dos etapas. La primera será el nuevo telescopio TESS, de la NASA, que ya está construido, y que hará lo mismo que el Kepler, buscar exoplanetas, pero no solo en una pequeña parte del firmamento, sino en todo el cielo. TESS, que se lanzará en marzo o abril del próximo año, descubrirá todos los planetas que hay alrededor de las estrellas más brillantes. Kepler ha encontrado miles de planetas en una pequeña parte del cielo, pero todos muy lejanos. TESS, por el contrario, se centrará en los que están más cerca de nosotros, y en cualquier parte del cielo, de forma que podremos estudiarlos cómodamente con nuestros telescopios. Necesitamos muchos planetas para poder encontrar lo que nos interesa. Si esto tiene éxito, el segundo paso será usar los nuevos instrumentos, como el Gran telescopio Magallanes, o el Gran telescopio Europeo, para analizar lo que vaya encontrando TESS. Ese es el plan.

 

– ¿Está satisfecho con su trabajo?

Cuando empezamos nuestra carrera, todo esto era ciencia ficción. Ni mis colegas ni yo pensamos nunca que lo veríamos, y ni siquiera nos planteábamos poder trabajar en esto. Y ahora, ¡está aquí! Y lo vamos a tener a partir de la próxima primavera, con TESS, y de aquí a tres años podremos empezar a analizar sus datos. Me siento como si fuera un estudiante. De hecho, voy a cursos de química, para aprender nuevas cosas… Es fantástico. He tenido mucha suerte al vivir en una época en la que todo esto se está haciendo, y esta nueva ciencia está floreciendo. En Ciencia, hay solo tres preguntas fundamentales: la naturaleza y el origen del Universo, la naturaleza y el origen de la vida, y la naturaleza y el origen de la conciencia. Y una de esas grandes preguntas se está estudiando ahora por primera vez. Es algo maravilloso y que no ocurre con frecuencia.

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