La sexy y polémica primera dama si Trump llega a ser presidente de Estados Unidos

Pese a ser un candidato polémico a la Casa Blanca, con comentarios despectivos hacia otras etnias incluidos, Donald Trump parece destinado a ser quien finalmente represente al Partido Republicano en su lucha por la presidencia de Estados Unidos. Y por si la controversia sobre sus apuntes sobre China o los mexicanos ilegales (a los que calificó de “delincuentes y violadores”) no fuese suficiente, su mujer es una exmodelo eslovena que, de llegar él a la presidencia, se convertiría en una nueva y atípica primera dama.

Por primera vez en la historia, y al contrario que Nancy Reagan o Michelle Obama, la mujer de un mandatario estadounidense sabría más acerca de cómo colocarse el bikini que sobre agasajar a políticos extranjeros en el Despacho Oval.

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Cierto es que ya existe un precedente de Primera Dama extranjera, Louisa, la esposa de John Quincy Adams. Sin embargo, Melania sí sería la pionera en lo de posar desnuda, algo que no ha hecho ninguna mujer de un presidente. Un repaso a sus primeras declaraciones tras empezar a salir con Donald Trump, allá por los primeros 2000, no dejaría indiferentes a los hipotéticos votantes del millonario. “Tenemos un sexo increíble al menos una vez al día”, dijo entonces con más picardía que intelecto. Sus orígenes, sin embargo, contradicen sus aparentes torpezas y demuestran que siempre supo lo que quería. Melanija Knavs nació en la Eslovenia de 1970 que aún era parte de Yugoslavia. Hija de otra modelo, Amalija, y del dueño de una cadena de concesionarios, la joven vivió en primera persona los viajes y avatares del negocio de la moda gracias a la profesión de su madre.

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Tras mucho pensar qué camino elegir, el destino acabó decidiendo por ella. El fotógrafo Stane Darko la descubrió cuando apenas era una adolescente de 17 años y paseaba su impresionante palmito por un centro comercial situado en Liubliana (Eslovenia). Al fotografiarla, Darko no pudo imaginar que la fama de la joven llegaría a ser planetaria. Poco tiempo después de aquel posado, Melania ya había transformado su verdadero apellido por el mucho más sonoro Knauss y firmaba contrato con una agencia de modelos en Milán. Paolo Zampolli, dueño de una prestigiosa agencia de modelaje, la fichó para su división estadounidense. Así fue como aquella chica que el propio Zampolli definía como “hogareña y nada dada a la fiesta” llegó a Nueva York en 1996, llena de dudas y con una timidez que iría despegándose de ella hasta convertirla en lo que hoy es.

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