Las vírgenes cuestan 30.000 dólares

Khadija llegó a Siria proveniente de Túnez junto a su marido en busca de vivir bajo la ley islámica. Sin embargo, al llegar a Raqa, la autoproclamada ‘capital’ del Estado Islámico (EI), encontró otra realidad. Una realidad llena de violencia, brutalidades y abandono total de las necesidades vitales de los residentes que chocaba con las normas del islam.

“Les aconsejo que no crean a aquellos que dicen que el EI es un Estado Islámico que predica el islam, la sharía y vive en conformidad a las enseñanzas del profeta Mahoma y el Corán”, comentó la mujer en exclusiva a RT. “Decapitan a cualquiera que se manifieste en su contra y la gente no sabe cuándo va a suceder esto “, señaló.

Al cabo de los tres años que Khadija pasó en este “Estado de tiranía y Satán”, consiguió escapar de Raqa con su marido. Se dirigieron al sur, a la ciudad siria de Al Mayadeen, y luego a Turquía.

Durante su vida bajo el control de los terroristas, la mujer presenció “muchas maldades en los lugares donde residen las mujeres”. “Los niños sufrían de sarna, piojos. Cuando estaban enfermos, no recibían tratamiento en un hospital”, recordó Khadija. Si las mujeres violaban el código de conducta de los yihadistas, las mujeres de guardia las encerraban en instalaciones de detención, donde se quedaban privadas de ayuda o asistencia básica, incluso si daban a luz.

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