“Mi hijo se lo merecía; andaba en malos pasos”, dice madre de ladrón baleado

Con ojos de desvelo y sólo unos cuantos pesos en la bolsa, aseguran para comer lo poco del día. Familiares de Jorge Eduardo, de 28 años, quien la semana pasada recibió un balazo justo en la médula espinal a manos de un agente de la Procuraduría en México, cuando fue sorprendido en intentado robar un reloj, están renuentes a hablar con los medios de comunicación.

Diario El Pulso explica que “agresivos y retadores, exigen que no se tome una sola fotografía de ellos e incluso, revisan celulares para verificar que ni de “casualidad o accidente” el reportero tenga alguna imagen, sin embargo, a regañadientes y quizá a manera de desahogo, la más grande de la familia, que según los paramédicos del hospital es la madre del imputado, escupe unas palabras con el objetivo de que los dejen en paz y evitarse problemas.

La mujer, quien de antemano pide omitir su nombre, así como fotografías, dice sentir pena y temor al escarnio público, explica —en la sala de espera del hospital de la Cruz Roja, Polanco— lo complicado que ha sido para la familia esta situación y explica que algunos vecinos o conocidos les han dejado de hablar cuando identificaron a Jorge Eduardo como el hombre que sembraba el terror en toda la zona de Constituyentes y parte del Estado de México.

Dice que perdona a todos por el “accidente”, al oficial por impedir el robo y dispararle, así como a su hijo por causarle problemas, con el argumento que robaba por necesidad, pues hay una familia que alimentar y además se relacionó con amigos que eran una mala influencia para él. La mujer, mayor de los 60 años, ahora lamenta el no poner la atención ni el cuidado debido a su familia, si robaba, dice, nunca vio un peso de eso.

“Uno se da cuenta cuando los hijos están en malos pasos, pero no tenía fuerzas para decirle algo o regañarlo, nomás rezaba que no lastimara a nadie en lo que hacía, era todo lo que podía hacer, no tuve valor para entregarlo a la policía”.

“Sabía que vendía cosas en un tianguis y de repente tenía dinero, pero nada más, no somos ricos ni nada, tanto así que ahora andamos viendo cómo vamos a pagar todo esto, pero creo que se lo merecía por si alguna vez lastimó a alguien, ya no queremos problemas con nadie, Dios sabe que perdono a todos de corazón”, explica mientras espera el traslado de su hijo al Reclusorio Varonil Oriente, donde deja claro, “quién sabe cómo le va a hacer”.

El joven de 28 años que cayó cuando una bala calibre nueve milímetros se asestó justamente en la medula espinal, lo que lo dejó paralítico, está en la cama 2B, vigilado todo el tiempo por dos agentes de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF), quienes esperan solamente el alta médica, la que podría extenderse en las siguientes horas, para trasladarlo a la cárcel y empezar el juicio.

Según médicos del hospital consultados por EL UNIVERSAL, este hombre ya está fuera de peligro, los médicos intentaron, en la medida de lo posible, recobrar la movilidad en las piernas, pero médicamente ya no se pudo hacer más, “no sé cómo le va a hacer en la cárcel, lo van a tener que ayudar para todo, él no puede hacer nada solo, ir al baño, asearse, defenderse, no sé, todo lo que uno hace cuando está completo, esa es mi mayor mortificación, si pudiera me quedaba con él ahí encerrada o no sé si se pueda que me lo dejen en la casa, ¿ya qué daño puede hacer el pobre?”, narra la angustiada mujer.

Desde el día que lo dejaron paralítico, Jorge Eduardo, de 28 años, no ha querido hablar del tema, familiares y paramédicos dicen que ha estado muy callado, por las noches en ocasiones llora, por lo que no descartan que esté deprimido.

La familia no tiene pensado denunciar abuso de autoridad, “no tenemos dinero, no sabemos de leyes. Creo que hubiera sido mejor que lo hubieran matado ahí, así nada más lo lloramos unos días y ya”, refirió otro familiar al tiempo que retira a la mujer, quien suelta el llanto, acto con lo que concluye la entrevista.

Lo trasladan al Reclusorio Oriente

Jorge Eduardo “N”, el joven que quedó paralítico tras recibir un disparo por parte de un policía de investigación que frustró el robo que éste pretendía cometer en Constituyentes, ingresó al Reclusorio Varonil Oriente aproximadamente a las 14:25 horas de este jueves.

Paramédicos de la Cruz Roja de Polanco se encargaron de trasladar al implicado en el robo al Reclusorio.

De acuerdo con las autoridades capitalinas, personal de seguridad del centro penitenciario recibió a Jorge Eduardo y lo condujo al área de Servicio Médico, donde se certificará el estado de salud del recién ingresado.

Dicha certificación determinará si el interno requiere instalarse en una cama o sólo uso de silla de ruedas; incluso podría ser enviado al Hospital Torre Médica de Tepepan, en caso de que lo requiera.

El Sistema Penitenciario del Distrito Federal indicó que los Reclusorios no cuentan con sillas de ruedas para asignarlas definitivamente a los internos, por lo que sólo son de préstamo, mientras la familia del interno gestiona una silla o ésta se consigue mediante donación.

Explicó que el interno inicia su etapa denominada de ingreso, la cual puede ser en el Área de Ingreso del Centro o incluso en el Área de Servicio Médico, según su estado de salud.

Después de este proceso se pasará a la etapa que le corresponde al Centro de Diagnóstico, Ubicación y Determinación de Tratamiento (CDUDT), que incluso también podría hacerse desde el Área de Servicio Médico, para clasificar en donde será ubicado el interno ya en población.

La dependencia agregó que existen dormitorios especiales en cada Centro de Reclusión asignados a personas con discapacidad. En esos dormitorios hay supervisión médica y tienen acceso directo al Área de Servicio Médico al existir infraestructura como rampas para sillas de ruedas.

Actualmente hay 503 personas con discapacidad en el Sistema Penitenciario del DF.

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