TOMEN NOTA: Las prácticas sexuales que definen a un pervertido

16

El sexo es una de las preocupaciones básicas de nuestra vida y probablemente un ingrediente clave del amor y la felicidad.

A pesar de eso, la sexualidad sigue siendo un tema tabú del que no se suele hablar abiertamente y muchos asuntos relacionados con ella, como la transexualidad, la sexualidad adolescente o el abuso sexual, resultan muy controvertidos.

En gran parte esto ocurre porque el entorno social tiende a clasificar las prácticas y las tendencias sexuales como «normales» o «desviadas», en función de unos criterios culturales que van cambiando con el tiempo.

Pero al margen de esto, los científicos han pretendido estudiar la base de la conducta de algunas personas que tienen unos deseos sexuales poco comunes y en general no aceptados socialmente. Se trata de las llamadas parafilias, un término que sustituyó al de perversiones sexuales hace años, y que se utiliza para referirse a unas pautas recurrentes de conducta en las que es necesario acudir a una serie de objetos, rituales y situaciones poco usuales para obtener la satisfacción sexual completa.

«Las parafilias son filias (gustos) que van más allá de lo aceptado. Dan lugar a comportamientos sexuales que en teoría son minoritarios, aunque quizás no lo sean tanto, porque lo cierto es que hay una gran ocultación del comportamiento sexual», explica a ABC el sexólogo y psicólogo Antoni Bolinches.

Aparte de resultar minoritarias, la Asociación de Psiquiatría Americana (APA) establece que las pautas de conducta sexual pueden verse como parafilias cuando están presentes durante al menos seis meses y cuando provocan un malestar clínicamente significativo.

Por eso, se reconoce que la mayoría de las personas normales pueden mostrar inclinaciones hacia ciertos objetos, situaciones o rituales, pero que esto no supone un comportamiento parafílico, ya que «una persona parafílica destaca por la insistencia y la exclusividad con que su sexualidad se centra en las acciones u objetos en cuestión, sin los cuales el orgasmo suele ser imposible de alcanzar», tal como escriben James Butcher, Susan Mineka y Jill Hooley en «Psicología Clínica».