Vanesa, la narcotraficante más famosa que sabe cómo traficar con las drogas

Vanesa, como la llaman las personas que la buscan para proveerse de drogas, es una esbelta y carismática “narcomenudista” que sabe cómo traficar drogas.

En Mexicali hay un bar de ficheras al que voy cuando no quiero socializar con los tarados que llenan los lugares de moda. Me gusta porque no tengo que fingir que me interesan las personas, nadie me mira y yo no tengo que mirarlos.

Mi idea del paraíso. Conocí a Vanessa (como nos referiremos a esta chica para proteger su identidad) en el baño, mientras trataba de subir mis bragas sin llenarme los zapatos de orina ajena, sin soltar mi grapa de coca y sin apagar mi cigarrillo, provocando un pequeño caos que incluía conato de incendio.

Vanessa me ayudó a pisar la mini hoguera de papel sanitario usado y cuando dejamos de reírnos, con una generosidad conmovedora, me ofreció una fumada de su foco. Vanessa es bailarina y es dealer (Te consigue Drogas).

Cocina ice y crack, y hace las bongas artesanales más lindas. Es una chica con múltiples talentos.

Por si las dudas, haremos un pequeño paréntesis informativo. La metanfetamina es una droga sintética también conocida como ice, hielo, cristal, crico, cristo, met y —en muy raras ocasiones— speed; se compra por “globitos”.

Normalmente cada globo contiene entre 125 o 250 miligramos de la droga. Puede fumarse o inhalarse. Y puede ser de color blanco, amarillo o café. Aunque en la serie Breaking Bad hacen ice de color azul turquesa.

Según la Agencia Antidrogas de Estados Unidos, (DEA, por sus siglas en inglés) México ha desplazado a los asiáticos en la producción y distribución de esta droga. Según la revista Proceso, el cártel de Sinaloa parece haber tomado la batuta en la distribución de precursores químicos (pseudoefedrina o metilamina) que llegan hasta laboratorios en EU, y también parece haber tomado el control de la producción dentro del país.

Sin embargo, se han confiscado toneladas de ice y laboratorios clandestinos en estados como Michoacán, Guanajuato, Jalisco y el Estado de México.

Por su parte, el crack (también llamado piedra o base), es resultado de la mezcla de base de coca (la rebaba que queda luego de que preparan cocaína, y se conforma de alcaloides de la planta sin procesar) y bicarbonato de sodio.

Esto se fuma en foco, en una lata de cerveza y hasta en botecitos de Yakult. A comparación de otras drogas, ésta tiene un estigma social muy fuerte y es más barata. Su efecto es intenso pero mucho más breve que el del ice.

Normalmente son los cárteles quienes tienen el poder de construir laboratorios profesionales para sintetizar drogas. En EU es muy frecuente que narcomenudistas operen pequeños laboratorios clandestinos bajo su propio riesgo, pero en México casi todo el negocio está controlado por los cárteles.

La producción de metanfetamina debe hacerse en un lugar completamente cerrado (si entra algo de aire del exterior, explota) y la exposición a los químicos precursores tiene efectos en el cocinero: desde un sarpullido en la piel hasta quemaduras o intoxicación. Debido a esto, la historia de Vanessa es tan singular. Así que, mientras tú siembras tus plantitas de mota hidropónica en esa aburrición de lo que llamas vida, decidí ir a entrevistar a Vanessa para que nos cuente un poco de sus actividades laborales.

Para Vanessa lo más difícil es saber en qué cliente confiar.

Entrevistadora: ¿Cómo aprendiste a cocinar?
Vanessa: Me quedé encerrada en una cocina, en San Luis Río Colorado, y cerrando puertas ya nadie puede entrar ni salir. Ahí aprendí a mezclar los ingredientes y los químicos para hacer ice y crack. Tengo mi propia receta. Cuando se tardan los cargamentos de los que me surten, cocino lo mío. También sé hacer sustituto de coca. Nadie nota la diferencia.

¿Desde cuándo estás en el negocio de las drogas duras?
Empecé moviendo coca a los catorce años. Tengo veintiuno. Mi novio era un macizo, el dueño de esa cocina que te digo, y a veces, cuando le pedía dinero, si andaba corto me daba material para que yo lo vendiera y me ayudara.

Eres muy joven y empezaste muy chica, ¿cómo te has mantenido tanto tiempo en esto?

Yo digo que es pura suerte, la neta. Aunque la verdad es que sí estoy guapa y sé hablar y comportarme, y eso hace que no parezca que ando en el pedo. Y pues mi ex novio me acomodó bien.

¿Dónde está él ahora?
Lo agarraron, no te puedo decir de cuál cártel es, pero le tocaba cubrir toda la zona de Sinaloa, Sonora y las dos Bajas. Yo sigo trabajando para su familia.

Trabajar con los cárteles debe ser muy peligroso, ¿hasta qué niveles te mueves?

He andado con macizos, macizos. Pero sí es peligroso. Si haces una pendejada, aquí pagas con cabeza, cuellito.

Nadie va a hacer nada por ti. A mí si me agarran, ¿qué?, salen otras como yo de todas partes. A mí me gusta lo que hago, la paso bien, conozco a mucha gente.

Se gana un chingo de dinero y ganar es lo importante. Pero también es cansado, hay una paranoia, nunca sabes quién va a ser un hijo de puta que te ponga dedo.

Lo más difícil es confiar en el cliente, saber a quién le puedes vender y tenerle confianza tú también como vendedor. Este es un pedo de azar, no sabes con quién te enredas.

A mí dos veces me han puesto dedo, pero las dos veces se han llevado a las personas que me querían chingar. Yo tenía un taxista que me movía, era mi gente, pues.

En ese entonces andaba con otro macizo, y una de sus mujeres se puso celosa de cómo me atendía a mí, seguro le bajó la cuota de dinero y de aquellito, porque yo lo tenía bien surtido. Y esa ruca le pagó mil dólares al taxista para agarrarme.

El hijo de pu… me dice: “Mira, güerita, te voy a dar chanza de que me digas cuánto tienes porque me acaban de pagar tanto por llevarte al aeropuerto a que te peguen tus madrazos”.

No mames, ese era un viaje de ir y no volver. Yo le dije al cabrón que sí, que en mi casa tenía el doble de lo que le habían dado, como pude mandé un mensaje y cuando llegamos a la casa ya lo estaban esperando tres picapcitos. El taxista amaneció encobijado allá por La Salada.

¿Cómo te iniciaste en la prostitución?
Me tuve que salir de la prepa porque un maestro me quería coger y yo no quería.

Ya me había cogido a otros profes por gusto, pero a ese cabrón no me dieron ganas, por mañoso.

Entonces el vato de la cocina en San Luis, me puso una casa de citas para que yo la manejara. Y otra pinchi vieja ardida me puso dedo y me cayó la PGR.

Los madrearon a todos, a las muchachas y a los guardias de seguridad, menos a mí, porque uno de los policías era mi amigo y me reconoció. Y como me dejaron ir sin hacerme nada, tuve problemas, porque pensaron que yo estaba jugando chueco.

Me andaban buscando para matarme y lo que hice fue esconderme, dejé las ventas un tiempo y pues de algo tenía que sobrevivir.

Me metí de teibolera en un antro donde yo sabía que no iban a ir a buscar. Ya estando ahí, se me hizo fácil entrar a lo otro. Ahora que la cosa está calmada, pues todo bien, el ochenta por ciento de mi clientes son mis clientes para las dos cosas.

A Vanessa ya le han puesto dedo varias veces; siempre ha salido bien librada.

¿Le dijiste a alguien de la escuela que el maestro te acosaba?
Yo estaba bien verde y no supe cómo manejarlo, y también me daba un chingo de vergüenza, no quería quedar como la pu… Es que yo ya tenía mi fama, ¿me explico?

Yo de todos modos iba a quedar mal. Y ese pu… me amenazaba, me decía que si quería pasar le tenía que dar el trasero, y me humillaba delante de todos.

Ese homosexual me puso un montón de trabas, yo quería terminar y hacer el examen para la Normal, estudiar para maestra de educación especial.

Las ventas eran para sobrevivir.

Pero cuando ese ca… me chingó, pues imagínate, sí me agüité, así de “no, pues siempre sí voy a ser pu…”. Ese güey me pone topes.

Ahorita está arriba, tiene un puesto desde el que puede seguir poniéndome trabas.

Porque me odia. La escuela se quedó con todos mis papeles, y la neta todo está bien fresco, fue hace tres o cuatro años.

Y a mí lo que me da hueva es que si yo le doy pelea y lo acuso, pues ahora sí ya soy una pu… que anda en chingaderas, y nadie me va a creer nada.

Y no tengo tiempo de andar en cosas. Tampoco estoy pendeja y sé que conozco gente en muchos niveles pero no quiero guerra.

Todo esto te desgasta. Te acaba. ¿Esta pinchi vida de enemigos? Toda la gente que me rodea consume y yo les vendo a todos, desde mi mamá hasta el dueño del bar.

¿Eres dealer de tu mamá?
Sí, también trabaja aquí en el bar conmigo. Lo que pasa es que mi mamá duró doce años consumiendo y la metí a un centro, yo le daba dinero a mi hermana mayor para pagar las mensualidades, pero mi hermana me chingó, y a mi amá la sacaron por falta de pago.

Y cuando salió, pues tenía que trabajar, yo no la podía mantener porque ya mantengo a mi hermano, y pues me la traje conmigo a fichar.

¿Cuántos años tiene tu hermano?
Once, está en la secundaria. Para mí él es lo más importante. Yo mantengo mi casa desde los quince años porque mis papás no estaban en condiciones.

Mi mamá usaba y mi papá se había ido porque ella andaba con otro. Yo no me puedo quejar de la infancia que tuve, de la vida que llevé hasta como los ocho o nueve años.

A mi hermana mayor y a mí nos mantenía un tío. De todo a todo. Siempre nos echó la mano. Pero mi amá cae en el cristal y se consigue una pareja.

Ese ca… abusaba de mí. Yo tenía diez años. Cuando le dije a mi mamá, como estaba drogada, reaccionó violenta y me rompió la nariz.

A mi hermana mayor ya la había corrido. Y mi tío es el que nos cuida, pero cuando cumplo los catorce, se muere de cáncer y se acaba todo.

Nos quedamos en la calle. De tener todo a no tener nada. Y se dio que conocí al macizo y pues me tuve que poner a hacer algo.

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¿Qué pasó con el novio de tu mamá?
Hacía películas pornográficas con niños. A mí me llevó a su casa muchas veces. Y ya con el novio que tuve, con el que empecé en esta madre, lo mandé a matar. Lo embolsaron y todo.

Pero no se murió. Sigue por ahí, pero así pudriéndose. Mejor. Que esté vivo y que tenga vida de perro.

Todas esas mamadas de los traumas son de verdad, güey, después de él, cada vez que me hacían el amor me imaginaba que era ese marrano.

Me hacía sentir que yo estaba mal. Que lo que me hacía yo me lo merecía. Y luego cuando lo dije y mi mamá se puso de su lado, yo creía que la que estaba mal era yo.

¿Cómo sucedió?
Cuando tenía trece. Tres veces nos hemos agarrado, pero esa fue la peor. Es que una Navidad, mi amá fue y llevó a ese hombre a la casa de mi abuela, y el pendejo en cuanto pudo aprovechó para querer meterme mano, y yo en vez de ir sobre él, me le eché encima a mi mamá, por haberlo llevado ahí donde se suponía que yo estaba a salvo, ¿Me entiendes?

Otra fue que, cuando apenas le había dicho lo que pasaba, antes de que mi tío me llevara, ella estaba bien celosa, no mames, celosa de una morrilla que no sabía ni qué pedo, ni lo que le hacían.

Yo estaba barriendo y ella me quiso jalar el pelo, y yo agarré la escoba y le di con todas mis fuerzas, a palazos, y me encerré y la dejé afuera de la casa hasta que se calmó.

Yo por eso decía “no mames, nunca voy a usar drogas”. A ella la droga la dañó tanto que vive en un mundo en el que ya ella nomás sabe qué pedo. Yo no quería estar como ella. Pero pues, ya ves.

En una ocasión tuvo que bajar droga hasta Caborca, Sonora.

¿Cuánto llevas usando tu producto?
Y sí es mi producto, eh, a mí lo que más me gusta es lo que cocino yo. Fumando ice llevo dos años. Pero fumando diario.

Nunca me ha pegado malilla, yo no sé qué es eso porque nunca dejo de consumir. Consumo más o menos medio gramo al día, a veces poquito más, pero esa es como mi medida, para andar bien sin pasarme de lanza.

Desde morrilla he usado coca y he pistiado, pero eso nunca lo consideré una adicción. O sea, yo controlaba mi consumo. Pero con el ice es diferente. Esta madre te pone bien loco. Y bien caliente [risas].

¿Qué es todo?
Pues de todo, hombres, mujeres, de a varios. A mí sí me gustan las morras. O sea, lo mío, esa no la cambio. Pero la mujer es como mi fantasía, me pone bien.

Desde morrilla, en la secu y en la prepa, jugábamos a la botella y típico que “dale beso a fulana”, y muchas veces me tocó besar a morras, y pues desde ahí me gustó.

Pero es que una como mujer sabe qué le gusta y cómo, conoces tu cuerpo y entonces es más fácil pasarla bien, y pues, se goza diferente.

Es más, he pagado por morras. Una vez, cuando era teibolera, me engrané con una que trabajaba conmigo, estaba bien buena, nomás quería estar metiéndole mano. Yo bailaba con un chingo de ganas y le bajaba dinero a los vatos para dárselo a ella, ya ves cómo son las pu…

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