¿Paranoia colectiva? Reportan que prohiben usar celulares en el ala oeste de la Casa Blanca

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Desde que Omarosa Manigault Newman, exempleada de alto nivel en la Casa Blanca, admitiera que grabó secretamente conversaciones con su por entonces jefe Jhon Kelly, hubo cambios en la política telefónica del ‘ala oeste’, término que designa al área de trabajo y decisiones del presidente de los Estados Unidos.

Fuentes de la Casa Blanca revelaron a CNN que, a partir de ahora, los empleados no tienen permitido dejar sus teléfonos en la pequeña área contigua a la Sala Situacional.

El nuevo mecanismo implica que los empleados dejen en sus propias oficinas sus teléfonos –sean personales o de trabajo– antes de entrar en la Sala Situacional. Y, si lo olvidaron, habrá para tal fin casilleros ubicados cerca de la entrada del ala oeste.

Según ese mismo medio estadounidense, este cambio de políticas regulatorias se produce en medio de una “sensación de paranoia intensificada” tras un artículo anónimo divulgado por The New York Times, supuestamente escrito por un alto funcionario de la administración Trump.

La Casa Blanca no se pronunció sobre lo que sería este segundo cambio de políticas telefónicas en lo que va de año. En los últimos días, Trump aseguró que tiene conocimiento de que hay funcionarios que quieren socavar su administración y consideró que, en el caso del artículo anónimo, debería impulsarse una investigación por parte del Departamento de Justicia.

Desde mediados de agosto, en el contexto del lanzamiento de su libro ‘Unhinged: An Insider’s Account of the Trump White House’ (‘Trastornado: un reporte desde el interior de la Casa Blanca de Trump’), Newman ha sostenido que Trump se comió literalmente un documento con datos sensibles, que quiso cambiar la Biblia por un libro de su autoría para prestar juramento, que habla con términos despectivos de los puertorriqueños y que quiso indirectamente comprar su silencio, entre otros asuntos.

Tras estallar en escándalo las revelaciones de Manigault Newman, la Casa Blanca aseguró que su libro está “plagado de mentiras”, y el propio mandatario rápidamente la tildó de “perra”, “loca” y “viciosa”. Por su parte, el equipo de campaña presidencial de Trump inició acciones legales contra la exasesora, con el alegato de que supuestamente violó un acuerdo de confidencialidad.