¿Por qué algunas personas nunca presentan síntomas del covid-19? Míralo aquí

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Una de las grandes interrogantes de esta pandemia gira en torno a los portadores asintomáticos: personas que nunca llegan a presentar síntomas, pese a dar positivo en las pruebas diagnósticas. ¿Qué tantos hay? ¿Pueden contagiar el virus de forma silenciosa? ¿Qué hace que su organismo logre ‘esquivar’ las manifestaciones de la enfermedad?

Todo apunta a que están muy lejos de una excepción: representan aproximadamente el 40% de los casos positivos de covid-19 según las más recientes estimaciones de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC en inglés). Y lo peor: cada vez hay más evidencia de que, como se temía, pueden transmitir la enfermedad.

Justo en estos días, un estudio de Corea del Sur publicado en la revista JAMA comprueba que cargan igual cantidad de virus en su nariz, garganta y pulmones que las personas con síntomas -otra razón que avala la importancia del uso generalizado de mascarillas-.

Pero ¿cómo es que su organismo los protege de enfermar? Se barajan varias hipótesis.

  1. Inmunidad a otros coronavirus, La huella de «resfriados» anteriores

Para un estudio que luego fue publicado en la revista científica Cell en mayo, investigadores del Instituto de Inmunología La Jolla compararon sangre de sobrevivientes del covid-19, con muestras de un banco de sangre recolectadas entre 2015 y 2018 cuando el nuevo coronavirus no existía. ¿Cuál fue su sorpresa? En entre 40 y 60% de esas muestras de sangre de un mundo pre-covid, había células T que reconocían al SARS-CoV-2.

En estos días, resultados de un nuevo estudio publicado en Science por el mismo grupo de investigadores, presenta evidencia de que esa respuesta en las células T puede derivar de inmunidad a otros coronavirus que causan el resfriado común.

“Esto puede darte una ventaja. Si tienes una ventaja, puedes desarrollar una respuesta más rápida o más intensa”explica al San Diego Union Tribune, Alessandro Sette, uno de los investigadores principales del estudio.

Bajo esa óptica, haber tenido una respuesta inmune a esos coronavirus más comunes ofrecería protección, algo que ya se vio con la gripe porcina de 2009 en la que los mayores de 65 años fueron menos propensos a enfermar lo que se atribuyó a una inmunidad preexistente a otra gripe similar que circuló décadas antes, indica ese medio Daniela Weiskopf, también del equipo del Instituto de Inmunología de La Jolla.

Pero a estas alturas no hay garantías de que ese sea el caso.

  1. Vacunas viejas ofrecen algo de protección

Hay varias bajo estudio

Actualmente varios equipos de investigadores analizan si vacunas de la infancia podrían ofrecer algo de inmunidad contra el nuevo coronavirus.

Ya en el pasado se vio que la vacuna contra la viruela, por ejemplo, ofrecía algo de protección contra la tos ferina y el sarampión.

La de la tuberculosis es una de las vacunas bajo estudio, pues hay evidencia de que entrena al sistema inmune a reconocer y responder ante una variedad de infecciones, virus, bacterias y parásitos.

Una investigación encontró que aquellos países que la tienen dentro de su esquema de vacunación presentaban menor mortalidad por covid-19, y en Australia la están recombinando con el SARS-CoV-2 como parte de un ensayo clínico, pero aun es temprano para sacar conclusiones.

Andrew Badley, de la Clínica de Mayo, revisó junto a su equipo los récords médicos de más de 130 mil pacientes para ver si alguna vacuna del pasado parecía estar asociada con menores índices de infección del covid-19.

Dos de ellas arrojaron resultados interesantes, explica al Washington Postla de la neumonía (que pareció ofrecer una reducción de 28% en el riesgo) y la del polio (con una potencial reducción del riesgo del 43%).

Tal y como advierte el reportaje del Washington Post, fue un estudio observacional y su diseño no permite establecer una causalidad, pero es un buen primer paso que abre camino a estos investigadores a indagar más. De comprobarse su hipótesis, sería un game changer en la estrategia global de vacunación contra el covid-19.


3.Menor dosis infecciosa

Otro punto a favor para el uso de máscaras

Con algunos virus como la influenza o el propio SARS, la severidad de la infección depende de cuánto virus entra al cuerpo. “Se trata del tamaño del ejército en cada bando de la batalla. Un virus muy grande puede hacerle más difícil al sistema inmune defenderse”, ilustra a Science Media Center Wendy Barclay, jefe del Departamento de Enfermedades Infecciosas del Imperial College de Londres.

Bajo esa premisa, no es descabellado pensar que, si entra una cantidad baja del virus al cuerpo, la persona no llegue a desarrollar síntomas, así dé positivo en las pruebas. Una teoría que apoya el uso generalizado de máscaras.

Es más: la experta en enfermedades infecciosas de la Universidad de California en San Francisco, Monica Gandhi, encontró una peculiar correlación en brotes de covid-19 con elevados porcentajes de casos asintomáticos -una unidad de diálisis pediátrica en Indiana, un salón de belleza en Missouri, un crucero en Argentina-: en todos las personas usaron máscaras protectoras. Esto la llevó a publicar un paper al respecto donde propone la reducción del ‘inóculo’ como medida de protección.

Se sabe que las personas mayores de 65 años son más propensas a enfermar severamente y que los niños, por el contrario, presentan infecciones más leves, aunque también jóvenes sin condiciones preexistentes han enfermado de gravedad. ¿Hay mecanismos genéticos o biológicos que determinen estas diferencias y que quizá expliquen el hecho de que haya gente que ni siquiera presente síntomas del todo?

  1. Variaciones en el receptor ACE2 al que se adhiere el coronavirus para replicarse quizá podrían explicar los casos leves o asintomáticos. Las personas mayores y con obesidad -más vulnerables al virus- tienen mayores cantidades de ese receptor.

Los niños asmáticos o con alergias, lo tienen reducido, y se ha visto que, contrario a lo que se creía, no representan un alto porcentaje de los hospitalizados o enfermos de gravedad. Esa paradoja lleva a Alkis Togias, investigador de los Institutos Nacionales de la Salud a pensar que allí se esconde alguna clave. “Creemos que las reacciones alérgicas pueden protegerte al aminorar el receptor. Aunque claro, es apenas una teoría”, declara al Washington Post.

Al inicio de la pandemia hubo otras teorías que intentaron entablar una relación entre el tipo de sangre y la posibilidad de desarrollar una enfermedad más severa, pero en ningún momento se ha hablado de un efecto protector y han sido descartadas.

Lo que no se descarta es la posibilidad de que la ‘suerte’ genética o condiciones biológicas intervengan.

 

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