Solteros a los 30 y más: “Esta crisis de la juventud es global”

No tener prisa a la hora de contraer matrimonio a los 30 años o más se ha convertido en una norma en muchos países.

Según el Buró de Censos de Estados Unidos, la edad media del primer matrimonio era de 20 años para las mujeres en la década de 1950. La cifra aumentó a los 23 años en los años 1980, llegando a 25 al comienzo del nuevo milenio y a 27,8 en 2018. Para los hombres la tendencia es semejante: 23 años en la mitad del siglo pasado, y 29,8 hoy en día.

En Europa, las mujeres se casan por primera vez a los 30 años (entre los 32 y los 33 en Suecia, Islandia y España), y los hombres un año o dos más tarde.

Una situación parecida se registra en varios países musulmanes, desde Indonesia hasta Egipto, donde la boda se considera tradicionalmente como la entrada a la vida adulta para las mujeres. El porcentaje de chicas adolescentes que se casan sigue siendo alto (del 14% en Indonesia), pero ha estado bajando en las últimas décadas. A finales de la década 1980, la proporción de mujeres casadas a los 18 años fue del 35%.

Los expertos dicen que cada vez más mujeres jóvenes prefieren completar su educación y encontrar un buen empleo antes de pensar en el matrimonio.

‘Waithood’: los casi adultos

Estas cifras indican una tendencia bautizada en el mundo anglosajón como ‘waithood’ —una fusión de ‘wait’ (esperar) y ‘adulthood’ (adultez)— para describir la intención de una persona de postergar la entrada a la vida adulta.

Este término fue introducido hace diez años por Diane Singerman, una docente de la Universidad Americana en Washington especializada en la investigación de procesos sociopolíticos en Oriente Medio. En sus obras Singerman y otros expertos señalan que casarse y tener hijos se ha convertido en algo demasiado caro para los jóvenes teniendo en cuenta la situación económica y política de muchos países. Inicialmente Singerman ilustró este argumento con estadísticas de países asiáticos y africanos, pero es evidente que los países occidentales no han evitado este tipo de procesos.

En todo el planeta personas biológicamente adultas se han visto incapaces de alcanzar los marcadores sociales de la adultez, como el correspondiente nivel de ingresos, una vivienda propia, desarrollo laboral, el matrimonio, etcétera.

El ‘waithood’ tiene un efecto particular en las mujeres, ya que en muchas sociedades, incluidas las desarrolladas, una mujer que no se ha casado ni ha dado a luz no es considerada como íntegra, un estereotipo que incluso puede cerrar las oportunidades de empleo.

De los hombres también se espera que a cierta edad hayan cumplido con ciertos ‘requisitos’, como casarse, convertirse en padre, comprar una casa y tener cierto nivel de ingresos.

Razones

¿Por qué se aplaza la adultez? Hay diversas explicaciones. En Oriente Medio y los países africanos la tendencia se debe a la incertidumbre política y económica, a los conflictos civiles y militares y al desempleo.

“Si no tienen dinero, no se casan”, indica Singerman.

En las sociedades en las que existe la costumbre de pagar una dote por la novia, la falta de recursos financieros es una razón obvia que dificulta el matrimonio.

Otra de las peculiaridades de la generación ‘waithood’ señalada por los investigadores es que, aunque la actitud hacia el papel de la mujer está cambiando, la percepción del papel del hombre no se altera generalmente y la mayor parte de la sociedad sigue creyendo que el hombre debe ganar más que la mujer. Este estereotipo dificulta aún más la búsqueda de una pareja tanto para ellos como para ellas.