Suiza sufre pero vence a una dura Albania (0-1)

La peregrinación de albaneses a Lens merecía, al menos, un poco de incertidumbre, la limosna de la emoción con la que corresponder a esta gente a la que el fútbol ofrece una oportunidad de elevar su autoestima. La historia ha sido muy dura con Albania, y no sólo por el cruento y largo periodo de Enver Hoxha, y es que a ese pasado le sucede un presente con la renta per cápita más baja de Europa, 10.000 euros al año. El fútbol es, pues, un espejismo, pero también una oportunidad para sentirse mejores. Sin embargo, la ilusión de la nación más pobre se encontró, de pronto, con la profesionalidad de la más rica. En cinco minutos.

Fue el tiempo en el que Suiza fue capaz de merodear dos veces el área albanesa. A la segunda, en un centro, Schär cabeceó a la red. Ningún defensa esperaba allí al central helvético. La afición de Albania, como un muro detrás de Berisha, quizás el mejor argumento de esta selección, enmudeció. El portero resistió en adelante, con intervenciones a quemarropa incluso, pero su trabajo fue insuficiente por la incapacidad de sus compañeros para crear peligro constante, mermado ya el equipo por la expulsión de uno de sus futbolistas de mayor jerarquía, el defensa Cana. La decisión del colegiado español Velasco Caraballo fue inapelable. La mano de Cana fue la mano de la desesperación albanesa.

A pesar de que Suiza no consiguió despegarse en el marcador, nunca se sintió comprometida, quizás hasta los minutos finales, como si supiera la diferencia que existe entre un equipo profesional y otro que juega con la animosidad de un novel. El triunfo de Albania, en realidad, es haber llegado a la Eurocopa. Es la primera vez que se clasifica para un gran torneo, de la mano del técnico De Biasi, un italiano con ciudadanía de honor. Es su título.

Suiza, en cambio, ha conseguido convertirse en una habitual, con tres presencias consecutivas en Mundiales y en tres de las cuatro últimas Eurocopas. Cuando la organizó, en 2008, puso las bases de su futuro. Tiene jugadores de clase media, con calidad, desde Lichsteiner o Rodríguez al pequeño Shaqiri, pero, sobre todo, tiene organización. El trabajo de Hitzfeld ha encontrado buen relevo en el bosnio Petkovic.

Si el encuentro no encontró una sentencia antes del final fue por la firmeza de Berisha, en especial ante Seferovic, mientras que por parte albanesa, cuando sus futbolistas conseguían enlazar una contra, empujaba más la atmósfera que sus piernas.

Estallaron sus hinchas cuando creyeron ver un penalti de Lichsteiner o un balón que tocó por fuera la red. Nunca creyeron, minutos después, ante lo que estaban. En el único fallo suizo, Gashi, que había salido jaleado por la grada, se quedó solo ante Sommer y perdió el mano a mano con el portero. Ahí se acabaron las ilusiones albanesas en Lens, pero no sus gritos, ni sus esperanzas. Estar en Francia es como una nueva vida.