Tijuana pide emitir ante la ONU Declaratoria de Emergencia Humanitaria

“Estamos solicitándoles a ellos, y así mismo a las distintas entidades de carácter internacional que tienen que ver con la cuestión de asuntos humanitarios queremos que se aplique, que se instruya, se lleve a cabo la asistencia humanitaria por parte de la ONU”, indicó Juan Manuel Gastelum, presidente municipal de Tijuana.

En mensaje a medios detalló que el costo diario para atender a la caravana migrante es de más de medio millón de pesos.

“No voy a comprometer los servicios públicos de la ciudad, no voy a gastarme el dinero de los tijuanenses y no voy a endeudar a Tijuana”, apuntó Juan Manuel Gastelum.

En entrevista, afirmó que ya se acabaron los recursos del gobierno local para dar de comer a las casi cinco mil personas que permanecen albergadas.

“¿Nosotros, el ayuntamiento?, perdón, pero caray, ya se acabó. Tendremos para mañana cuando mucho”, indicó Juan Manuel Gastelum.

Agregó que el Gobierno Federal ha enviado 20 toneladas de ayuda, de las cuales 15 eran barreras de acero y sólo cinco de despensas que alcanzaron para dos días.

Y que la Secretaría de Marina hizo llegar una cocina móvil, pero la comida la ha proporcionado el gobierno local.

Señaló que seguirán buscando contener cualquier brote epidemiológico en el albergue habilitado en el deportivo Benito Juárez.

Llovió prácticamente toda la noche en Tijuana y los migrantes que duermen en el exterior perdieron lo único que tienen: pocas prendas de vestir y cobijas con las que formaron tiendas de campaña improvisadas.

“Así amanecimos mojados?, dijo Juana Matute.

-¿Tiene frío verdad?

“Sí, se nos mojó la ropa, todo así. No tenemos carpas con qué cubrirnos”, agregó.

Se agravaron las enfermedades respiratorias.

“Me siento un poco calenturado del agua, toda la noche y las cobijas se mojaron todas. Yo lo que quisiera sabe qué es, si quiera un plástico, una casita de esas”, apuntó Silvano Zavala, un migrante hondureño, señaló Silvano Zavala, migrante hondureño.

Y solo para guarecerse, llegar a Estados Unidos y volver a ver a sus hijos que están ahí desde 1980.

“Me dijeron que era la única forma de pasar, no me quería venir por las tierras, sembraba frijol, pero quedándome ya solito, mejor vengo a morir acá”, expuso Silvano Zavala, migrante hondureño.