Un estadounidense encuentra a sus padres biológicos y los lleva al altar 36 años después

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El estadounidense Martin Schmidt sabía desde niño que era adoptado, pero siempre se sintió querido y no se mostró interesado en saber la identidad de sus padres biológicos hasta que su esposa se quedara embarazada por primera vez en 2014.

Fue entonces cuando se dirigió a las autoridades del estado de Wisconsin para ponerse en contacto con su madre biológica, Michele Newman, que en aquel momento vivía en Hawái. Newman, por su parte, le comunicó la noticia a su expareja, Dave Lindgren, padre biológico de Schmidt, antes de que su hijo le llamara. The New York Times ha hablado con todos los protagonistas de esta inusual historia que terminó con un emotivo reencuentro.

Al hablar con su hijo por primera vez, Michele Newman no pudo contener las lágrimas y luego le pidió a su jefe que le dejara pasar el resto del día en casa. “Éramos dos desconocidos que se veían por primera vez y ya tenían un vínculo emocional”, recuerda Schmidt.

Los padres biológicos de Schmidt se separaron tras varios meses de relación, antes de que Newman se percatara en 1982 de que estaba embarazada. Tenía 17 años y aún estudiaba en el colegio. Lindgren era dos años mayor y asistía a las clases mientras trabajaba en una planta lechera en Wisconsin.

Según Newman, entre los dos “nunca hubo amargura”. Después de graduarse, vivió en diferentes ciudades de Arizona, Colorado, Wyoming y Hawái, y se casó dos veces, pero no tuvo más hijos. Lindgren se quedó en Wisconsin, se casó tres veces y es padre de cuatro hijos biológicos, incluido Martin.

Cuando Newman y Lindgren hablaron por teléfono —por primera vez desde su separación de jóvenes— estuvieron cuatro horas hablando sin parar. Lindgren, que entonces se encontraba en medio de un divorcio, sintió que aún les quedaba mucho que decirse, así que volvieron a hablar unos días después, momento a partir del cual las llamadas empezaron a sucederse a diario, hasta que un día Dave le dijo que siempre quiso visitar Hawái.

Las vueltas que da la vida

Lindgren le mintió: en realidad nunca tenía la intención de ir a Hawái, pero compró dos billetes de avión, uno para él y otro para su sobrino que podría pasar por su acompañante. Cuando vio a Michele en el aeropuerto, sintió que se le removía todo por dentro.

Por su parte, Newman confesó que nada más ver a su expareja, su corazón se le derritió. “El minuto en el que lo vi, pensé ‘Oh Dios'”, confesó la mujer. Se abrazaron y luego se besaron. A Lindgren le costó despedirse de Newman cuando llegó la hora de irse. “Temí que podría no volver a verla más”, recordó.

Ambos seguían hablando con Schmidt, que pronto empezó a recibir de sus abuelas biológicas postales y regalos para sus propios hijos. Pocos meses después de la visita de Lindgren a Hawái, Newman decidió mudarse y volver a Wisconsin, no solo para estar más cerca de Dave, sino también para estar cerca de su madre.

Finales felices

La relación entre Michele y Dave volvió a florecer y ambos empezaron a vivir juntos. El 12 de diciembre de 2015, justo un año después de aquel primer mensaje de ella, Dave le pidió la mano. Primero Michele protestó diciendo que ya eran mayores y no lo necesitaban —ella tiene 53 años y él 55— pero Dave insistió y se casaron en agosto.

Curiosamente, la ceremonia de boda fue oficiada por su hijo, Martin Schmidt, que hace varios años se unió a la Iglesia del Último Nota. Aquel hecho impresionó a su madre biológica, cuya película favorita es El gran Lebowski.

“El día en el que recibí la llamada de que Martin quería ponerse en contacto con nosotros fue el mejor día de mi vida. Y con cada día que pasa solo ha ido mejorando”, confiesa Michele.