Vardy, el nuevo salvador de Inglaterra

¿han sido los dos mejores cambios que has hecho en tu vida?», preguntaba la prensa inglesa a su seleccionador al finalizar el partido. Hodgson sonrió, pero ni hizo amago de rebuscar en su memoria, porque en 40 años en los banquillos seguramente habrá tenido movimientos tan efectivos como los del jueves. Tras el golazo de Bale, de falta kilométrica otra vez, el técnico de Inglaterra sacudió su ataque en el descanso. Dos delanteros dentro, dos delanteros a la ducha. Kane y Sterling, ahogados en la defensa galesa, se quedaban fuera y entraban otras dos piezas con mucho valor en la Premier: Vardy y Sturridge, goleadores del Leicester campeón y del Liverpool.

Ellos revolucionaron el partido, con un gol cada uno. El último, el de la victoria, en el minuto 91, para gloria de la hinchada inglesa y del propio Sturridge, que remató con la puntera. Obtenían merecida recompensa tras poner sobre el tapete más fútbol y ambición, ante una Gales muy pequeñita. Ni el estado de gracia de Bale le bastó.

Mover con acierto el banquillo es básico en este tipo de torneos, tan cortos. Vimos que a Francia también le salió bien», explicaba luego Hodgson, recordando que Griezmann, también suplente, abrió el triunfo de la anfitriona la noche anterior frente a Albania. Los de Deschamps, como España ante la República Checa y ayer Inglaterra, ganaron en los últimos minutos. La Eurocopa está siendo agradecida con las selecciones que más interés demuestran por la victoria.

De perseverancia y premios tardíos puede escribir un libro Jamie Vardy, en primavera con 29 años. Su gol, para rescatar a Inglaterra cuando más oscura se había puesto la competición para ella, corona un año asombroso, donde ha ganado la Premier con su club y ha sido elegido mejor jugador de la temporada. El buen papel contra Gales le abre ahora de par en par la titularidad de la selección. «Nos dio mucha energía», decía su entrenador, aliviado por los imprescindibles tres puntos. Con cuatro ya, Inglaterra aterriza en la última jornada de la primera fase con muchas opciones de saltar a octavos. Lo tiene en la mano ante Eslovaquia, un empate le sirve para clasificarse. Las apreturas del Grupo B hacen que todos los equipos lleguen con posibilidades al cierre de la liguilla.

Vardy, con su vendaje en el brazo derecho y su mirada pendenciera, sacudió la frustración inglesa de la primera parte. Cazó el gol en el área chica, delantero escurridizo que ha alcanzado la elite desde las profundidades del fútbol. De nene prometedor al que le faltaban centímetros a veinteañero con problemas, ganándose el jornal en la divisiones semiprofesionales y teniendo que rendir cuentas ante la Justicia. Pegarse duro en una riña por defender a un compañero le costó llevar una tobillera electrónica durante 12 meses y cumplir toque de queda. El Leicester le compró por poco más de un millón de euros en 2012, para iniciar juntos un ascenso prodigioso. En la historia del título de su club luce con 24 goles y una racha única en Inglaterra: ver puerta en 11 jornadas consecutivas. «Somos un equipo, no me preocupa eso», respondía sobre su posible titularidad en el partido del próximo lunes.

A él le cantó con fuerza el fondo inglés, del disgusto con su portero (al que culparon en el gol de Bale) al éxtasis por derrotar a los vecinos. «No me mandes a casa, no quiero ir a trabajar, quiero beber cerveza», cantaban los hinchas galeses e ingleses en letanía desde primera hora de la mañana en Lens, desayunando con alcohol. La convivencia fue pacífica bajo la lluvia que acompañó la jornada. Piques sanos, banderas por las calles y duelo de gargantas en el estadio.

Todos quieren que su selección les permita seguir por Francia de fiesta al menos unos días más.