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    El polémico libro que cataloga al Vaticano como «la mayor comunidad homosexual del mundo»

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    El libro «Sodoma: poder y escándalo en el Vaticano«, del sociólogo francés Frédéric Martel, ya genera revuelo en la Santa Sede luego de que el autor asegurara que el 80 por ciento de los sacerdotes tienen relaciones homosexuales.

    En un adelanto publicado por el diario italiano, La República , se puede leer: «El Vaticano tiene una de las comunidades homosexuales más grandes del mundo». Para sostener esos datos, el periodista contó que investigó durante cuatro años y consultó a cerca de 1500 fuentes, incluidas sacerdotes de diferentes países y rangos dentro de la Iglesia católica.

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    El texto, de 500 páginas, comienza con la reproducción de una charla entre el papa Francisco y el exsacerdote Francesco Lepore, quien se comunicó con el santo padre para comunicarle «su historia como sacerdote homosexual» y al que Pontífice agradeció su valentía, pero le dijo que no sabía qué podía hacer para ayudarlo.

    «Para permanecer en el Vaticano es mejor respetar un código, el ‘muerto en el placard’, que consiste en tolerar la homosexualidad de los sacerdotes y obispos, si es necesario. Beneficiándose de ello, mientras se mantiene el secreto: la tolerancia va de la mano con la discreción y, como dice Al Pacino en el Padrino, uno nunca debe criticar o dejar a la propia familia», relató el francés, un reconocido activista gay.

    A lo largo de las páginas también pone de manifiesto la rivalidad entre el ala ultraconservadora del Vaticano y Francisco, a quien considera un Papa más abierto a los gays comparado con sus antecesores.

    Las fuentes que entrevistó en forma presencial, según dijo, fueron de treinta países, incluidos 41 cardenales, 52 obispos y monseñores. Además, 45 nuncios apostólicos y embajadores extranjeros y más de 200 sacerdotes y seminaristas.

    SACERDOCIO Y HOMOSEXUALIDAD

    Desde este jueves, más de 190 cardenales, obispos y otras autoridades de la Iglesia católica se reunirán en el Vaticano para determinar qué hacer ante la avalancha de denuncias de abusos sexuales que han aparecido contra sacerdotes en casi todo el mundo.

    Dentro del sector más derechista de la institución, una de las acusaciones más frecuentes es vincular la ocurrencia de estos delitos con la homosexualidad de los curas.

    De hecho, el martes dos renombrados cardenales de Estados Unidos y Alemania enviaron una dura carta al papa Francisco en la que lo urgen a terminar con «la plaga de la agenda homosexual» y llaman a los obispos a romper su complicidad con los casos de abusos sexuales.

    Pero de acuerdo con Martel, quien se reconoce a sí mismo como gay, el problema dentro de la Iglesia no es la opción sexual de los curas, que es un asunto privado, sino la «doble moral» de la institución hacia la sexualidad.

    «El abuso sexual no está relacionado con la homosexualidad, puede ocurrir dentro de familias heterosexuales y la mayoría de las víctimas en el mundo son mujeres. Ahora, si miras dentro de la iglesia, la mayoría de los abusos son de curas homosexuales», afirma.

    Lo que sucede, según Martel, es que una supuesta «cultura de secretismo» existente en la Iglesia conlleva al encubrimiento de los abusos.

    «Sucede que como muchos obispos son gay, tienen miedo del escándalo, de los medios y, al final, de ellos mismos. Entonces protegen a los abusadores, no por el hecho de encubrir el abuso, sino para que no se sepa que ellos mismos son homosexuales. No solo están protegiendo al abusador, se están protegiendo a ellos mismos», considera.

    En criterio de Martel, esto no solo lleva a que, por años, se hayan ocultado los abusos, sino a que muchos cardenales, obispos y sacerdotes se conviertan en fervientes críticos de la homosexualidad.

    «Lo que encontré es que, en muchos casos, mientras más críticos eran con la homosexualidad, más lujuriosa era su vida oculta como gays», opina.

    Y ¿QUÉ PASA EN AMÉRICA LATINA?

    Durante sus más de 500 páginas, el libro expone que esta situación no es exclusiva del Vaticano, sino también de muchos otros países, incluidos algunos de América Latina.

    «Estuve varias veces en Argentina, Cuba, México, Chile y Colombia y lo que encontré fue que la situación no era muy diferente que en el Vaticano», sostiene.

    Martel asegura que, como factor común en algunos de estos países, se manifestó una «insólita» relación entre la cúpula religiosa y la militar, ya fuera hace décadas con los gobiernos de facto de Argentina y Chile, la guerrilla de Colombia o después con el régimen de Fidel Castro en Cuba.

    «En la mayoría de estos casos, existía una complicidad entre la Iglesia y estos gobiernos o fuerzas que hacían que se encubriera la homosexualidad y los abusos de los sacerdotes en estos países», señala.

    En México, señala, uno de los casos más conocidos fue el de Marcial Maciel, el fundador de la Legión de Cristo, pero también descubrió otros menos conocidos, como el del fallecido cardenal colombiano Alfonso López Trujillo.

    Según el libro, el prelado merodeaba seminaristas y jóvenes sacerdotes, y contrataba a prostitutos masculinos de forma rutinaria.

    Mientras promovía la enseñanza de la Iglesia de que todos los hombres gay están «objetivamente desordenados» y cuestionaba el uso del condón.

    Y aunque Martel asegura que incluso se reunió con trabajadores sexuales que prestaron sus servicios al fallecido cardenal, muchos críticos del libro han cuestionado que la mayoría de las acusaciones que realiza carecen de pruebas sustentables y que solo se basan en «chismes» o «comentarios de pasillo» .

    Otros han cuestionado también que el texto podría dar lugar a una «cacería de brujas» contra curas homosexuales o promover estereotipos negativos, pues según Martin «es más fácil buscarse chivos expiatorios que confrontar la hipocresía y la cultura del secretismo» al interior de la Iglesia.

    Para otros, el libro ha sido una revelación de lo que muchos consideran un «secreto a voces» y podría constituir un llamado a cambiar las anquilosadas estructuras del Vaticano.

    «La Santa Sede debe ser un modelo para todas las diócesis del mundo, incluida la selección y la vigilancia de sus propios miembros. En este momento no lo es», dice a BBC Mundo el monseñor Stephen J. Rossetti, profesor de la Universidad Católica de Estados Unidos.

    «Debe hacer un mejor trabajo para asegurar que sus clérigos sean fieles a su llamamiento a ser célibe. Y deben ser también más agresivos, especialmente cuando se enfrentan a clérigos homosexuales que no son célibes. Se han producido varios casos recientemente y continuarán envueltos en escándalos hasta que se hagan cargo de esto», agrega.

    Fuente: BBC Mundo 

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