Giammattei cumple un año en el poder con una popularidad en descenso

Alejandro Giammattei Falla, un médico de 64 años que muy pronto abandonó la bata blanca para dedicarse a la política, asumió la presidencia de Guatemala el 14 de enero de 2020 después de cuatro intentos fallidos. Y recibió de su antecesor, el comediante Jimmy Morales, un país en ruinas y arrodillado ante las mafias que han secuestrado el poder. La popularidad del nuevo mandatario al asumir el cargo era del 80%. Doce meses después, su aceptación es apenas de un 25%, según las últimas encuestas. La baja eficacia en el combate a la corrupción y su cuestionada gestión de la pandemia y del impacto de los huracanes están detrás de la caída, según los analistas consultados.
Nadie pensaba que Giammattei pudiera obtener el triunfo. El promedio de su voto duro en los anteriores intentos era apenas del 13%. Pero el rechazo frontal que inspiraba su contendiente, la incombustible Sandra Torres Casanova, le permitió la victoria sin un plan de Gobierno y, mucho menos, un equipo con el cual enfrentar los enormes retos del cargo. El analista Edgar Gutiérrez califica a 2020 como un año “catastrófico” para Giammattei, para el Gobierno y para Guatemala. “La falta de acción estratégica del gobernante para hacer de la crisis una oportunidad se perdió, mientras el aparato estatal sigue hundiéndose y, con este, el grado de aceptación entre sus gobernados”, puntualiza.

Entre las causas del desplome de esa aceptación, Gutiérrez señala que Giammattei mintió al tratar de maquillar los efectos de la pandemia, así como el fracaso en la entrega de los recursos asignados al combate de la covid-19 y la destrucción provocada por los huracanes Eta e Iota (unos 3.850 millones de dólares que se ‘esfumaron’ en la burocracia estatal) y, en menos de un año, debilitó como nunca el Estado de derecho. “Nunca habíamos asistido a una desobediencia tan flagrante a las decisiones del Constitucional como la perpetrada por el Congreso y la misma Corte Suprema de Justicia”, dice Gutiérrez.

El procurador Jordán Rodas señala que los derechos humanos son inexistentes en la agenda política de Giammattei. “No son tema para el Gobierno”, puntualiza. “A esto se suma la opacidad que ha caracterizado su gestión y el mal carácter del presidente, que desprecia a sectores importantes como a la población indígena o la prensa, que han sido humillados en reiteradas ocasiones”.

Atribuye la pérdida de credibilidad